Comunicado Capitular 2026
Comunicado Capitular 2026
Capítulo General ordinario de los Legionarios de Cristo
- DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Discurso del santo padre León XIV a los participantes del Capítulo
General de los Legionarios de Cristo. Jueves, 19 de febrero de 2026.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con
ustedes.
Eminencia, Excelencia, queridos hermanos: Me alegra recibirlos en la
fase final de su Capítulo General. Como en la vida de todo instituto
religioso, este es un tiempo de gracia, ya que constituye un momento
privilegiado de discernimiento comunitario y de escucha al Espíritu
Santo, que sigue guiando su historia y sosteniendo la misión confiada
a su Congregación, en fidelidad al carisma recibido como un don de
Dios para la Iglesia.
Es, además, la ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de
un carisma que, a través de diversos caminos y expresiones históricas
–a veces dolorosas y no exentas de crisis– ha dado origen a la
Congregación de los Legionarios de Cristo, unida por una misma raíz
espiritual y por una pasión apostólica común. Esta memoria
compartida no mira solo al pasado, sino que impulsa a una renovación
constante en el presente, fieles al Evangelio.
El carisma es un don del Espíritu Santo. Cada instituto y cada uno de
sus miembros están llamados a encarnarlo personalmente y en
comunidad, en un continuo proceso de profundización de la propia
identidad que los sitúa y los define dentro de la Iglesia y de la
sociedad. Este camino constituye, a su vez, una aportación valiosa
para la Iglesia en su conjunto y, de modo particular, para la familia
espiritual del Regnum Christi.
La diversidad de formas, estilos y acentos en la vivencia del carisma
recibido no debilita la unidad, sino que la enriquece, como en «el
poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él
conservan su originalidad». Por esta razón, no se debe temer la
pluralidad, sino acogerla y discernirla, y permitir que se exprese para
responder con mayor transparencia y fidelidad a la llamada de Dios. Al
igual que en una familia cada miembro posee su propia identidad y
misión, también entre ustedes la pluralidad de dones manifiesta la
fecundidad del Espíritu y fortalece la misión común.
Como se ha mencionado, el carisma es un don del Espíritu Santo; es
Él quien distribuye sus dones (cf 1 Co 12,11), y lo hace para la
renovación y edificación de la Iglesia. Como dice san Pablo, «en cada
uno se manifiesta para el bien común» (1 Co 12,7). Por ello, el carisma
debe ser recibido con gratitud y consuelo. Recuerden, por tanto, que
no son dueños del carisma, sino sus custodios y servidores. Están
llamados a entregar su vida para que este don siga siendo fecundo en
la Iglesia y en el mundo. Por ello, este Capítulo los invita a seguir
preguntándose cómo vivir hoy, con fidelidad creativa, la intuición
carismática que dio origen a su familia religiosa.
Un Capítulo General también es el momento para evaluar el camino
recorrido y discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, el camino por
recorrer. De este modo, ustedes han considerado el ejercicio del
gobierno y de la autoridad en el instituto como uno de los temas
centrales. La autoridad, en la vida religiosa, no se entiende como
dominio, sino como servicio espiritual y fraterno a quienes comparten
la misma vocación. Su ejercicio debe manifestarse en el «“arte del
acompañamiento”, para aprender a quitarse las sandalias ante la tierra
sagrada del otro (cf Ex 3,5). [...] Con una mirada respetuosa y llena de
compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar
en la vida cristiana». La autoridad en la vida religiosa está también al
servicio de la animación de la vida común, centrándola en Cristo y
orientándola hacia la plenitud de la vida en Él, evitando toda forma de
control que no respete la dignidad y la libertad de las personas.
Entre las tareas fundamentales del gobierno religioso se encuentra, de
igual forma, la de promover la fidelidad al carisma. Para ello, es
necesario fortalecer un estilo de gobierno caracterizado por la escucha
mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el
discernimiento comunitario. Un buen gobierno, en lugar de
concentrarlo todo en sí mismo, fomenta la subsidiariedad y la
participación responsable de todos los miembros de la comunidad.
La vida consagrada, llamada a ser experta en comunión, crea
espacios donde el Evangelio se traduce en fraternidad concreta.
Durante estos días, sin duda, han vivido una experiencia concreta de
comunión entre hermanos de diversas culturas y realidades, de
generaciones distintas, y entre quienes ejercen responsabilidades de
gobierno y quienes sirven cotidianamente en comunidades y misiones.
La misión de ustedes consiste en ofrecer este testimonio visible de
escucha mutua y de búsqueda conjunta de la voluntad de Dios, tanto
para sus comunidades como para aquellos a quienes encuentran en el
camino mientras cumplen su misión: «La unidad misionera,
obviamente, no debe entenderse como uniformidad». No se trata de
eliminar las diferencias, sino de tener la capacidad de armonizar la
diversidad en beneficio de todos, aceptando las divergencias como
una riqueza y discerniendo juntos los caminos que el Señor nos
propone.
Este proceso requiere humildad para escuchar, libertad interior para
expresarse con sinceridad y apertura para aceptar el discernimiento
conjunto. Se trata de una exigencia inherente a toda vocación que se
vive en comunidad.
La Iglesia vive hoy una intensa llamada a la sinodalidad, es decir, a
caminar, escuchar y discernir juntos. El Capítulo General es, por su
propia naturaleza, un ejercicio sinodal en el cual todos están llamados
a aportar su experiencia y sensibilidad para construir juntos el futuro
del instituto.
Queridos hermanos, los exhorto a seguir viviendo en actitud de
oración, humildad y libertad interior. No sigan intereses particulares o
regionales, ni busquen meras soluciones organizativas, sino ante todo
la voluntad de Dios para su familia religiosa y para la misión que la
Iglesia les ha confiado.
Que este Capítulo los abra a un tiempo de esperanza. El Señor sigue
llamando y enviando; sanando y purificando, por ello su tarea consiste
en discernir cómo responder con fidelidad al presente que Dios pone
en sus manos.
Confiando esta nueva etapa de su Congregación a la protección
maternal de Nuestra Señora de Guadalupe, les imparto de corazón la
Bendición Apostólica.
Comunicado del Capítulo General 2026.
Corramos con perseverancia, fijos los ojos en Jesús.
- El camino del Capítulo.
1. Del 20 de enero al 27 de febrero de 2026, sesenta legionarios de
Cristo nos hemos reunido en Roma para celebrar nuestro V Capítulo
General ordinario Al igual que los primeros cristianos, nos hemos
sentido rodeados de una ingente nube de testigos (cf Hb 12,1). En
efecto, no estábamos solos: nos acompañaban con su oración
legionarios, miembros del Regnum Christi y de toda la gran familia que
es la Iglesia Hemos experimentado a nuestro lado la presencia de
quienes nos precedieron en la fe: los santos, nuestros patronos y
protectores, los mártires de Roma, así como nuestros hermanos que
ya descansan en el Señor Sobre todo, hemos vivido unidos en Cristo
bajo la mirada amorosa del Padre, la compañía del Espíritu Santo, la
intercesión de la Virgen María, reina de los apóstoles.
2. Como cristianos, no debemos afrontar la vida con actitud pasiva
La carta a los Hebreos nos invita a participar en una carrera muy
personal: Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca... fijos
los ojos en... Jesús (Hb 12,1-2). Por eso este Comunicado no es un
mero informe; nace del testimonio de quienes hemos contemplado
juntos la meta, hemos sentido el peso de la fatiga y la tentación de
detenernos, pero fijando los ojos en Jesús hemos recobrado fuerzas
para seguir adelante. Queremos ahora compartir esta experiencia con
nuestros hermanos en todo el mundo.
3. Hemos vivido estas semanas como un verdadero ejercicio
sinodal: caminando y rezando juntos, escuchándonos, discerniendo
bajo la guía del Espíritu. No todo ha sido fácil. Hemos tenido que
afrontar preguntas difíciles, reconocer heridas que no acaban de
sanar, aceptar que hay cruces que seguirán acompañándonos, dejar
las propias seguridades y puntos de vista para comprender las del otro
y velar por el bien de toda la Legión. Hemos experimentado la fuerza
del Espíritu, la alegría de la vida fraterna, en la que brillan tanto la
unidad como la diversidad, la riqueza que aportan los legionarios de
distintas generaciones en diálogo, la pasión por el Regnum Christi y la
Legión, el celo por la misión y el compromiso salir al encuentro de
nuestros hermanos.
- Momentos de gracia.
4. Antes del Capítulo, Mons. Brian Farrell, L.C., secretario emérito
del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos, nos predicó unos
ejercicios espirituales que dispusieron nuestros corazones a las
labores que nos esperaban Él nos invitó a renovar la fe, a buscar el
«más», el ir «más lejos», a servir y amar a la Iglesia con pasión.
5. La misa del Espíritu Santo en la Basílica de Nuestra Señora de
Guadalupe el 20 de enero marcó la apertura oficial. En ella, el P. John
Connor, L.C., quien como director general presidió la eucaristía junto
con sus consejeros, nos recordó que al Capítulo «no venimos solo a
hablar, venimos a ofrecernos a Dios» y nos exhortaba a llegar «con el
corazón disponible para escuchar y hacer lo que Dios quiere».
Concelebraron con nosotros los sacerdotes de las comunidades de
Roma.
6. En la fiesta de la presentación del Señor y jornada de la vida
consagrada, muchos de los padres capitulares participamos en la misa
con el santo padre León XIV en la Basílica de San Pedro. Fue un
momento de comunión eclesial y ocasión para renovar nuestra
consagración en presencia del sucesor de Pedro
7. Los días 4 y 5 de febrero fueron momentos centrales del
Capítulo: elegimos como director general al P. Carlos Gutiérrez López,
y le dimos como consejeros generales a los padres Hernán Jiménez
Barrera, Michael Brisson, Miguel Cavallé Puig, Robert Presutti, Adolfo
Güémez Suárez y David Daly. El P. José Cárdenas Jiménez fue
reelegido como administrador general.
8. El 7 de febrero celebramos la eucaristía con todas las
comunidades de Roma en el Colegio Internacional. Nuestro nuevo
director general nos recordó en la homilía que la lucha verdadera para
que Cristo reine en nuestro corazón se da en la oración.
9. El Capítulo General ha coincidido con las asambleas generales
de las Consagradas y de los Laicos Consagrados del Regnum Christi.
El 9 de febrero las consagradas nos ofrecieron en su casa de Castel di
Guido una cena fraterna a los delegados de las tres asambleas. Fue
una ocasión para confirmar nuestro deseo de caminar juntos, de
colaborar en la misión y de apreciar las expresiones particulares del
carisma que son propias de cada vocación y enriquecen a nuestra
familia.
10. El miércoles de ceniza tuvimos un día de retiro para ayudarnos a
emprender el camino cuaresmal. Fue un día de especial sentido de
penitencia y reparación, así como de compromiso por la propia
conversión y reconciliación personal e institucional.
11. El santo padre León XIV nos recibió en audiencia en la Sala del
Consistorio la mañana del 19 de febrero. Era la primera vez desde
1992 que el sucesor de Pedro recibía a un Capítulo General de los
Legionarios de Cristo. Le escuchamos con emoción: «Es, además, la
ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de un carisma
que, a través de diversos caminos y expresiones históricas –a veces
dolorosas y no exentas de crisis– ha dado origen a la Congregación de
los Legionarios de Cristo, unida por una misma raíz espiritual y por
una pasión apostólica común». También nos señaló que el carisma es
un regalo del Espíritu para la Iglesia, que somos «custodios, no
dueños» de este don, y que «la diversidad no debilita la unidad, sino
que la enriquece». Nos recordó que la autoridad exige el «arte del
acompañamiento» y nos exhortó a que «el Capítulo nos abra a un
tiempo de esperanza» y a vivirlo con «oración, humildad y libertad
interior». Además, nos impartió a nosotros y a todos los legionarios la
bendición apostólica.
12. Ese mismo día, en la hora eucarística, rezamos unas letanías,
pidiendo luz y libertad interior al Señor para dejar atrás todo lo que no
haya sido conforme a su verdad en nuestra vida y renovar nuestro sí a
Cristo y a nuestro carisma que tiene razón de ser en el servicio a la
Iglesia.
- Naturaleza de este Comunicado.
13. Este Comunicado quiere compartir con toda la Legión lo que
hemos vivido, orado, hablado y decidido como Capítulo General. Para
comprender su alcance, es importante recordar lo que nuestras
Constituciones establecen como tareas principales del Capítulo:
examinar la situación de la Congregación, elegir al nuevo gobierno,
tomar las medidas oportunas para velar por su espíritu, promover su
desarrollo, impulsar la misión y afrontar los retos más importantes. No
pretende ser exhaustivo, sino compartir las orientaciones principales
que el Señor nos ha inspirado para nuestro caminar como
Congregación. Conviene leerlo en su conjunto e interpretar las
diferentes partes a la luz de todo el documento capitular, para evitar
visiones parciales. Cada parte cobra sentido a la luz del todo, unidas
por un único hilo: Cristo, centro, criterio y modelo de nuestra vida y
misión.
14. El Capítulo recibió 292 propuestas de las asambleas territoriales,
442 aportaciones individuales de legionarios, y algunas aportaciones
de personas externas. Hemos tenido oportunidad de leerlas y de tratar
muchas de ellas en nuestras discusiones. Hay otras que por su
naturaleza deben atenderse en los territorios o bien a través de los
proyectos comunitarios. A todos los que participaron con sus
reflexiones, gracias: su voz ha enriquecido nuestro discernimiento.
- El camino recorrido estos seis años.
15. El Capítulo inició con la presentación del informe del director
general y sus colaboradores, así como los informes de los directores
territoriales. Hemos podido profundizar en ellos a través de las
«conversaciones en el Espíritu» en grupos pequeños, que es el
método que se utilizó en el Sínodo 2021-2024 y en el primer
consistorio del papa León XIV. Esta dinámica ha dado pie a
conversaciones muy profundas, una escucha desarmada y un aprecio
sincero por lo que Dios está haciendo en el corazón de nuestros
hermanos.
16. El sexenio 2020-2026 estuvo marcado por grandes desafíos,
aunque nunca por la ausencia de las bendiciones que Dios no deja de
prodigar. El COVID-19 puso a prueba nuestra capacidad de
adaptación y de cercanía fraterna: las limitaciones impuestas por el
distanciamiento se convirtieron, paradójicamente, en ocasión de una
notable creatividad apostólica y comunitaria.
17. Por otro lado, el período de gobierno que concluye se ha visto
marcado por cambios organizativos importantes: la puesta en marcha
de las nuevas estructuras de gobierno de las Obras Comunes y de la
Federación Regnum Christi.
18. Algunos de los puntos focales de este gobierno han sido la
implementación de la Ratio institutionis, la perseverancia de los
legionarios, su crecimiento espiritual y humano, y su entrega generosa
a la misión de formar apóstoles, líderes cristianos al servicio de la
Iglesia. Con confianza en Dios, se han buscado nuevos cauces a la
promoción vocacional cuidando mucho el discernimiento auténtico.
19. La promoción de ambientes seguros, la prevención de abusos y
la atención a víctimas se han convertido ya en elementos adquiridos e
irrenunciables de nuestra cultura interna. Al mismo tiempo, la
experiencia de estos años nos ha hecho ver errores que se habían
cometido en estos procesos y que han causado sufrimiento. Hemos
afrontado la implementación de mejoras urgentes, en particular en el
compromiso con la prevención y la atención respetuosa y cercana a
las víctimas de abuso, conscientes de que siempre podemos y
debemos mejorar. Sigue siendo una necesidad ofrecer un mejor
acompañamiento a las personas acusadas y a quienes han sido
hallados culpables y afrontan las penas impuestas por las autoridades.
20. Hemos intentado reproponer con pasión y autenticidad
evangélica nuestra misión en las secciones del Regnum Christi y el
ECYD, en el ámbito educativo y universitario, en la predicación del
evangelio, la formación en la oración, el acompañamiento y la pastoral
familiar. En estos años, los legionarios se han prodigado en
parroquias, en la formación de sacerdotes, seminaristas y personas
consagradas, en los medios de comunicación, las obras de caridad
cristiana, en el trabajo con los más necesitados y un sinnúmero de
iniciativas vividas en unión de otros miembros del Regnum Christi y
agentes pastorales en la Iglesia.
21. Una mención especial merece el cuidado a nuestros hermanos
legionarios mayores y enfermos, un campo donde somos conscientes
de que debemos volcarnos todavía más.
22. Juntos hemos podido palpar el progreso en el camino de
conversión, purificación y renovación que hemos recorrido de la mano
de la Iglesia con especial intensidad desde 2006. Hemos evaluado
serenamente y desde Cristo los avances y las tareas pendientes en
para vivir un ejercicio de la autoridad y de la obediencia religiosa cada
vez más evangélicos, así como el desarrollo de la vida fraterna,
nuestra identidad sacerdotal y religiosa, la misión del legionario y la
práctica de la pobreza.
23. En este marco los padres capitulares pudimos revisar la
situación de las obras educativas donde colaboramos con las otras
instituciones federadas. Constatamos que el proceso de
implementación del nuevo esquema de gobierno ha sido un camino
que, aunque no ha estado exento de dificultades, en su conjunto ha
resultado ser positivo. Como fruto de esta valoración decidimos
renovar la decisión de seguir llevando adelante conjuntamente estas
obras comunes, incorporando los aprendizajes de estos últimos seis
años.
24. En ámbito administrativo, hemos recibido un informe detallado de
la situación financiera de la Congregación que ha sido además
estudiado en profundidad por una comisión del Capítulo. Hemos
encontrado que la situación es estable, hay orden y responsabilidad en
la gestión de los bienes materiales y se ha logrado una reducción
significativa de la deuda. A quienes prestan su servicio en este campo
vital y a veces poco apreciado, nuestra enorme gratitud en nombre de
toda la Legión.
25. En síntesis: han sido seis años de trabajo intenso, aprendizaje,
purificación y esperanza. Incluso en medio de errores y de heridas por
sanar, sentimos la mano de Dios que nos guía, y contemplamos
agradecidos la entrega de tantos hermanos, con la confianza en que
Cristo puede hacer nuevas todas las cosas. Quedan desafíos, sí, pero
los abordamos con esperanza.
- Agradecimientos.
26. Como Congregación, queremos dar gloria a Dios Padre por su
fidelidad y por su misericordia que nos sostienen. Ponemos en manos
de María los dones recibidos durante este Capítulo para que puedan
dar en el tiempo todo su fruto.
27. Damos gracias al papa Francisco por su acompañamiento
durante su pontificado y al papa León XIV por recibirnos en audiencia
y sus palabras de paternidad. Renovamos nuestra fidelidad al sucesor
de Pedro en la Iglesia.
28. Expresamos nuestra profunda gratitud al P. John Connor, quien
durante seis años sirvió como director general con entrega, liderazgo y
clarividencia en tiempos complejos. Una enfermedad le impidió en los
últimos meses ejercer plenamente su mandato, circunstancia que
hemos vivido con dolor. Su testimonio nos ha edificado con una
predicación que brota de la vida más que de las palabras Lo
acompañamos con nuestras oraciones. Con él, agradecemos a los
consejeros salientes: los padres Jesús Villagrasa, Rafael Ducci, Pedro
Barrajón y Gerardo Flores, y a todo el equipo de trabajo de la
Dirección General.
29. Agradecemos a las Consagradas, a los Laicos Consagrados y a
todos los miembros del Regnum Christi por habernos acompañado
con su oración, testimonio y colaboración fraterna.
30. Merecen una mención especial las comunidades de Roma –en
particular la Sede de la Dirección General y la Comunidad de
Teología– que con generosidad abnegada cuidaron todos los detalles
del Capítulo. Su servicio silencioso ha sido un conmovedor testimonio
de caridad.
31. Finalmente, agradecemos a todos los legionarios: novicios y
religiosos en formación que miran hacia el futuro con ilusión y
esperanza; a los sacerdotes que entregan su vida en la misión, en
medio de dificultades que Dios conoce; a nuestros hermanos mayores
y enfermos cuyo sufrimiento ofrecido se convierte en fuente de gracias
para toda la Legión; también recordamos a quienes han dejado la
Congregación, a quienes seguimos queriendo como hermanos; y por
supuesto, a los legionarios que partieron a la casa del Padre en estos
seis años. A todos, gracias.
Prefacio:
Un marco para caminar en la verdad. Santifícalos en la verdad: tu
palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío
también al mundo (Jn 17,17-18)
32. Un Capítulo General es un camino sinodal, donde los
participantes, en un ambiente de oración y de escucha recíproca para
discernir la voz de Dios en los hermanos, quieren entrar más
plenamente en esa verdad de la que nos habla el Señor, como servicio
a toda la Congregación Por eso, el presente Capítulo ha intentado
ante todo hacer una lectura creyente del hoy de la Legión de Cristo.
33. Efectivamente, un cuerpo apostólico no vive solo de estructuras
o decisiones, sino del relato creyente que da sentido a lo que vive y
orienta sus pasos. De un Capítulo General no han de esperarse
únicamente disposiciones, sino un discernimiento espiritual que nos
lleve a reconocer qué historia estamos encarnando hoy como Legión
de Cristo y hacia dónde nos conduce el Señor.
34. Este camino parte de la gratitud a Dios por los frutos buenos que
nos ha permitido dar –todo lo que hay de bueno en nosotros viene de
Él–, la alegría por el don de la Iglesia nuestra Madre y el regalo de la
fraternidad y amistad que hemos encontrado en el seno de la Legión.
Al escudriñar a la luz de la fe nuestra historia con sus luces y sus
sombras no queremos justificar el pasado ni clausurar preguntas, sino
ofrecer una lectura común, honesta y verificable, de la historia
reciente, que permita asumir la verdad de lo vivido y situarnos con
mayor realismo en el momento actual.
35. Esta lectura se inscribe en nuestra Iglesia y en el ambiente
sociocultural contemporáneo, marcado por transformaciones
profundas: cambios en la comprensión de la persona y de los vínculos,
fragilidad de las instituciones, aceleración tecnológica, secularización,
pluralismo cultural y crisis en la transmisión de la fe. En nuestras
sociedades, muchas de ellas poscristianas, la fe ya no se apoya en
consensos culturales, sino que se vive como propuesta, testimonio y
servicio. También la Iglesia atraviesa tensiones visibles: entre fidelidad
a la tradición y necesidad de renovación, entre autoridad y
corresponsabilidad, entre la custodia del depósito recibido y la
búsqueda de lenguajes nuevos. La Legión no vive estos desafíos al
margen del cuerpo eclesial. Todo lo que hemos atravesado no puede
interpretarse únicamente como una anomalía institucional, sino como
parte de procesos más amplios que interpelan hoy a la vida
consagrada y al ministerio sacerdotal en su conjunto.
36. Esta perspectiva eclesial no diluye la singularidad de lo vivido por
la Legión. La etapa actual no se comprende adecuadamente si se
reduce a una crisis moral, jurídica o estructural. Lo que se vio afectado
fue también el relato interior que durante décadas dio cohesión,
dirección y sentido compartido a la vida legionaria: un relato que
unificaba misión, identidad y futuro, que ofreció dinamismo apostólico
y generó frutos reales, pero que necesitaba una purificación profunda.
Los hechos ligados al fundador, que causaron un gran sufrimiento a
muchas personas, afectaron la comprensión de la autoridad, de la
obediencia, de la mediación espiritual, de la confianza institucional y
del modo de transmitir el carisma. Esta realidad marcó de manera
decisiva el proceso vivido, sin agotar ni definir por sí solo toda la
historia de la Legión.
37. La intervención de la Iglesia fue un acto de discernimiento y de
cuidado pastoral. La Legión acogió este camino en obediencia,
reconociendo la autoridad eclesial para purificar, custodiar y confirmar
un carisma necesitado de una revisión profunda. En este proceso, la
Iglesia no negó los frutos de bien y de fecundidad evangelizadora que
habían surgido, sino que quiso situarlos en un horizonte de verdad
más plena. La duración y profundidad del proceso se explican por esta
complejidad. No se trató simplemente de corregir desviaciones o
reformar estructuras, sino de atravesar el colapso de un relato
institucional con consecuencias espirituales, comunitarias y
apostólicas inéditas. Asumir esta verdad no significa reducir la historia
de la Legión a una herida, sino distinguir con mayor lucidez entre el
don recibido y sus deformaciones, para que el carisma pueda ser
vivido con mayor verdad y libertad. En términos bíblicos, es la
experiencia del pueblo en el desierto: Dios sigue presente, pero ya no
se camina con las mismas seguridades (cf Ex 16-17; Os 2,16). La
pérdida de seguridades no es señal de ausencia del Padre, sino
muchas veces el lugar donde se renueva la alianza.
38. En este tiempo han emergido tensiones reales en la Legión:
entre tradición y renovación, entre autonomía y unidad, identidad
propia y pertenencia al Regnum Christi, vida fraterna y dinamismo
apostólico, sanar heridas muy reales y responder a necesidades
nuevas. Estas tensiones no son negativas de por sí: son tensiones
fecundas y espacios de discernimiento que llaman a una mayor
fidelidad evangélica.
39. La Escritura muestra que Dios actúa desde la fragilidad asumida:
Abraham, un hombre marcado ya por la muerte (Hb 11,12), Moisés
torpe de boca y de lengua (Ex 4,10), David el menor de sus hermanos
(1 S 16,11) y Pablo con una espina en la carne (2 Co 12,6). Así
también el Señor no rehace la Legión apoyándose en su fuerza
institucional, sino conduciéndola a una dependencia más consciente
de su gracia.
40. El núcleo del carisma permanece vivo. No depende de formas
históricas concretas ni de modelos cerrados, sino de una configuración
cada vez más transparente con Jesucristo, que no ha venido a ser
servido, sino a servir (Mc 10,45). Caminamos atentos a su obrar con
nosotros, porque el relato fundamental de la vida de toda persona y
obra en la Iglesia es: Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo (Jn
5,17). Tal como quedó codificado en nuestras Constituciones,
buscamos que Cristo reine y damos gloria a Dios viviendo un
cristocentrismo real; en nuestra misión hacemos presente el misterio
de Cristo que reúne, revela, forma y envía para colaborar con Él en la
instauración de su Reino.
41. Como nos recordó el papa León XIV en su audiencia a los
padres capitulares, este camino pasa por la humildad, la libertad
interior y una autoridad entendida como servicio espiritual y fraterno,
recordando que no somos dueños sino custodios y servidores de un
carisma. En continuidad con este llamado eclesial, sabemos que la
purificación no es un paréntesis, sino una etapa constitutiva de la
fecundidad futura.
42. Son muchos los signos que ya vemos de esta reconfiguración:
una conciencia más clara de corresponsabilidad eclesial, la búsqueda
de formas de gobierno y ejercicio de la autoridad más evangélicas,
una atención más explícita a las personas, una revisión más realista
de la formación y de las prioridades apostólicas, y una aceptación más
humilde de los propios límites y el cuidado y protección de los más
vulnerables. Estos signos no constituyen todavía una síntesis
acabada, pero señalan una dirección. Coexisten avances y
resistencias. Algunas heridas todavía requieren tiempo, escucha y
procesos de reconciliación que no se improvisan.
43. Somos conscientes de que la Legión no está llamada a realizar
su misión «a pesar de» los sucesos dolorosos del pasado, sino
precisamente a través de ellos, porque «el Señor ha actuado y
continúa actuando en y a través de estos hechos misteriosos». La
pregunta decisiva no es qué dejamos atrás, sino a qué somos
conducidos hoy. Y esa finalidad no es autorreferencial: la purificación
nos dispone a servir mejor a la Iglesia, a los fieles y a quienes más
necesitan esperanza, con obras apostólicas más evangélicas y una
presencia sacerdotal más transparente.
44. En este momento histórico, emerge con fuerza en muchos
legionarios el anhelo de un horizonte apostólico y testimonial claro,
exigente y entusiasmante, que dé sentido a la entrega personal y
proyecte fecundidad evangélica a sus vidas. El horizonte que se perfila
es el de una Legión más pascual: más centrada en Cristo, más
fraterna, más eclesial, y más disponible para la misión que el Espíritu
confía hoy a la Iglesia. Esto interpela directamente nuestras decisiones
en ámbitos como la formación, el gobierno, la vida fraterna y las
prioridades apostólicas, para que la Pascua se haga visible en la
manera concreta de ejercer la autoridad, acompañar a las personas y
salir al encuentro de quienes viven lejos de la fe.
45. Esta lectura no sustituye el juicio moral ni la responsabilidad
histórica ya asumida, ni pretende cerrar el discernimiento de la
Congregación. Más bien quiere ofrecer un marco común, una
«gramática espiritual» compartida, que permita reconocer también la
acción de Dios en la historia vivida y orientar con mayor verdad las
decisiones presentes. En este sentido, esta gramática espiritual pide
ser traducida progresivamente en criterios verificables: primacía de la
persona, verdad y transparencia, corresponsabilidad eclesial,
sobriedad institucional y audacia misionera.
46. En efecto, cuando Cristo resucita saluda con la paz a sus
apóstoles y les muestra sus heridas. Esas llagas muestran el mal
humano. Pero Jesús no centra su identidad en torno a ellas: no
reprocha, no se victimiza, sino que asume la historia y en sí mismo la
redime y la resucita. Su actitud no es defensiva, es misionera. Mira a
sus apóstoles y les confía el Reino. Les hace entender que Él ya ha
vencido, que la última palabra no la tiene el pecado, ni el escándalo, ni
la debilidad humana, ni las circunstancias adversas, sino su presencia
viva entre nosotros. Así está llamada a vivir la Legión su Pascua:
mostrando al mundo sus heridas e invitando en nombre de Cristo a
proclamar que donde el mal cerró las puertas al futuro, el poder de la
Resurrección descubre nuevos caminos llenos de esperanza.
47. En este camino, la Legión no avanza sola ni apoyada
únicamente en sus propias fuerzas. Es el Espíritu Santo quien sigue
guiando el caminar personal e institucional, actuando en la conciencia
de cada legionario y en el discernimiento del cuerpo entero. Confiados
en su acción, continuamos nuestra peregrinación en la historia junto a
las demás vocaciones con las que, en el seno del Regnum Christi,
compartimos un mismo carisma, abiertos a dejarnos conducir, purificar
y enviar, con la certeza de que Dios sigue obrando en medio de su
pueblo.
El presente Comunicado Capitular toma este pasaje de la carta a los
Hebreos como esquema en torno al cual desarrollar las reflexiones
que los padres capitulares ofrecemos a la Congregación como fruto de
nuestra oración, diálogo, reflexión y discernimiento:
“Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia,
en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al
pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa
nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz,
despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono
de Dios" (Hb 12,1-2).
I. Primera parte: La mirada puesta en Cristo
Habiendo contemplado el marco en que Dios nos sitúa hoy, lo primero
y esencial es fijar nuestra mirada en Cristo. Como nos dice la Carta a
los Hebreos: fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús
(Hb 12,2). Sin Él en el centro, nada tiene sentido. Con Él, todo cobra
vida. En esta sección compartimos algunas reflexiones sobre el
cristocentrismo y cómo se encarna en la vocación y vida del legionario.
a. Cristo, centro de nuestra vida.
48. Reconocemos que Cristo es el centro del que todo brota y hacia
el que converge toda nuestra vida. Con Él, incluso el cansancio se
transforma en ofrenda y la cruz en camino pascual. Las palabras de
Cristo sin mí no podéis hacer nada (Jn 15,5) son más que una
advertencia, son una invitación a permanecer en la fuente de toda
fecundidad.
49. Como los discípulos de Emaús, también nosotros hemos
experimentado momentos de desconcierto y cansancio. Durante el
camino de renovación, quizás hemos cedido a la tentación de mirarnos
demasiado a nosotros mismos. Pero el Señor se nos ha acercado, ha
caminado con nosotros, nos ha abierto las Escrituras y ha hecho arder
nuestro corazón (cf Lc 24,13-35). Y como Tomás, que tocó el costado
abierto del Resucitado, también nosotros hemos sido invitados a poner
la mano en sus llagas y reconocer: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20,28).
Cristo no es una idea que aceptamos, sino una Persona viva que nos
busca, nos salva y nos envía.
50. Volver a Cristo significa permitirle retomar la iniciativa en nuestra
vida. Significa dejar que Él nos salga al encuentro –personalmente y
como comunidad– y que nos haga las preguntas necesarias, como
hizo con los de Emaús: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras
vais de camino? (Lc 24,17). Significa escuchar su Palabra hasta que el
corazón arda y los pies se dispongan nuevamente a la misión. Cuando
Cristo ocupa realmente el primer lugar, todo lo demás encuentra su
sitio: la oración deja de ser un deber y se convierte en encuentro
fecundo; la vida fraterna se purifica del egoísmo; el apostolado recobra
su frescura original.
51. Este cristocentrismo no es una abstracción, sino la actitud más
concreta de todas. Se verifica en la relevancia que la Eucaristía tiene
en nuestra vida, en nuestro silencio que permite escuchar la Palabra,
en la voluntad de abrazar la cruz con el Señor, en la atención y
cuidado con que salimos al encuentro de Cristo en el hermano. Como
religiosos se expresa de modo especial para nosotros en los consejos
evangélicos, que nos configuran con Cristo pobre, casto y obediente.
Se manifiesta en la manera en que nuestras decisiones reflejan que Él
es el criterio último de nuestro querer y nuestro obrar. Como nos
recuerdan nuestras Constituciones, el legionario está llamado a
«centrar toda su existencia en Cristo por medio de un amor real,
personal, viril y apasionado a Él». No basta con hablar de Cristo; es
necesario dejarse configurar por su Corazón.
52. El cristocentrismo es la característica fundamental y específica
de la espiritualidad legionaria. En san Juan contemplamos al discípulo
que cree en el amor de Jesús, permanece fiel, reclina la cabeza sobre
el pecho del Señor (cf Jn 13,23) y descubre en el costado traspasado
la fuente de la vida (cf Jn 19,34). En san Pablo vemos al apóstol
configurado desde dentro por el Señor: No soy yo el que vive, es
Cristo quien vive en mí (Ga 2,20). En ambos se armonizan la
contemplación y el envío, la intimidad con el Señor y la audacia
misionera. En esa misma escuela queremos situarnos nosotros,
llamados a que Cristo sea realmente nuestra vida: Christus vita vestra
(Col 3,4).
53. Al final de todo el Comunicado ofrecemos un documento
temático más amplio sobre el cristocentrismo a modo de exhortación
final y que es fruto de la reflexión capitular. No es un texto más entre
otros, sino una meditación sobre el corazón que late en todas las
páginas de este Comunicado. Invitamos a cada legionario, a cada
comunidad, a recorrerlo con calma, a dejarse interpelar por él, a
permitir que encienda nuevamente el fuego del primer amor. Porque
solo cuando Cristo es verdaderamente el centro, todo lo demás –
identidad, formación, misión, comunión– encuentra su unidad, su lugar
y su sentido.
b. Vivir nuestra vocación legionaria.
- Sed de vivir plenamente nuestra identidad.
54. Al revisar las aportaciones personales y de las asambleas hemos
constatado que existe una sed de autenticidad, un deseo de vivir más
plenamente nuestra identidad, ayudados por textos propios que nos
arraiguen en una más profunda fidelidad al carisma y al Evangelio. La
espiritualidad del legionario fortalece su identidad, pues le permite
florecer en el carisma propio a través de toda la riqueza de su
personalidad, en comunión interna y externa con sus hermanos. Un
indicador de la madurez de una institución como la nuestra se da
cuando, más que centrarse en reflexiones sobre la propia identidad, se
piensa, se actúa, se escribe y predica a partir de dicha identidad.
- Un centro de espiritualidad legionaria.
55. Por este motivo, creemos que los tiempos están maduros para
pedir al Gobierno General que establezca, en los modos que se
juzguen convenientes, un centro de espiritualidad y pastoral legionaria,
que puede concebirse como un núcleo de pensamiento que desarrolle
recursos útiles en este ámbito.
- Militia Christi.
56. Pensamos que esta es la mejor manera de afrontar diversas
inquietudes que nos han llegado al Capítulo. Muchas asambleas nos
han pedido que reflexionemos sobre el valor de la militancia en cuanto
«militia Christi», por ser un elemento que sentimos nos identifica, pero
que, al menos como nombre, es percibido con cierta sospecha en
algunos ambientes dentro y fuera de la Iglesia debido a determinadas
asociaciones conceptuales. Es evidente que una fundamentación
teológica y carismática de este rasgo cristiano se hace necesaria.
- Paternidad sacerdotal.
57. Otro tema que suscita interés e ilusión es el desarrollo de la
paternidad en nuestra vocación sacerdotal. Es claro que la historia de
la Legión lleva consigo una carencia en la paternidad derivada de los
abusos de su fundador. Este hecho tiene consecuencias de manera
transversal en diversos aspectos de nuestra vida como la relación con
los superiores, con los directores espirituales, con las normas o en
nuestro papel hacia las otras vocaciones del Regnum Christi. Y más
allá de los hechos de nuestra historia, sentimos la necesidad de
desarrollar esta paternidad como don de Dios Padre y expresión de
nuestro ministerio sacerdotal.
58. Al hablar de identidad, hablamos ante todo de relaciones con las
que la construimos. En este caso, por ejemplo, es aprendiendo a ser
hijos como podemos llegar a ser padres. Por eso, como apuntaba el
número 57 de la Ratio institutionis «Christus vita vestra», una lectura
creyente de nuestra historia nos invita a desarrollar nuestra
espiritualidad cristocéntrica incorporando más conscientemente una
espiritualidad de la paternidad de Dios. Efectivamente, el mensaje que
Cristo comunicó a sus apóstoles durante su vida en la tierra está
centrado en la revelación del Padre. Este es otro de los grandes temas
que requieren una profundización por parte del centro de
espiritualidad.
59. En una cultura marcada tan fuertemente por la crisis de la
paternidad, que a su vez empaña la imagen de Dios Padre, estamos
llamados a hacer presente públicamente una paternidad redimida y
sanadora. Un recordatorio continuo de esta verdad es el modo
ordinario de tratarnos entre nosotros llamándonos «padre». Esto nos
interpela para ser un signo humilde del único Padre del Cielo (cf Mt
23,9).
- Aspecto visible y externo de la identidad.
60. Un tercer asunto importante que nos parece percibir en las
aportaciones se refiere al aspecto visible y externo de la identidad.
Hemos dado el paso de una normatividad minuciosa al desarrollo más
consciente del «sensus Legionis»: un sentido de la vida religiosa, de
nuestro estilo de vida, basado en grandes principios asimilados por
convicción. En la mayoría, esto ha producido frutos de responsabilidad
y crecimiento desde dentro, mientras que algunos otros lo han vivido
de manera inmadura como ocasión para todo tipo de licencias. A
algunos les asusta el ver ciertas expresiones externas de disparidad
llamativa y desearían tener muchos aspectos normados como antes,
mientras que otros temen que hablar de identidad sea una excusa
para volver a la antigua rigidez normativa.
61. Hemos de recordar que los principios que ahora subrayamos
están sostenidos por ciertas normas que no deben tacharse de rigidez,
sino que han de observarse con amor.
62. La Ratio intitutionis habla de «un aire de familia», es decir, que la
identidad legionaria, su fisonomía interior y la comunión espiritual se
expresan también en algunas formas externas, en la presentación
personal, el estilo de las casas, las fiestas, etc.
63. Creemos que la mejor manera para vivir estos principios de
acuerdo con las circunstancias de tiempos y lugares es el proyecto
comunitario, que promueve sea el papel del superior, sea la
corresponsabilidad de todos los miembros de una comunidad en la
custodia y vivencia de la propia identidad.
- Tradiciones y costumbres.
64. Un elemento relacionado con este tema son las tradiciones de la
Congregación. Los padres capitulares recibimos los resultados del
proceso de consulta que sobre este asunto hizo el gobierno general.
Consideramos que las tradiciones y costumbres de la Congregación –
por su misma naturaleza– no pueden contenerse en un código
cerrado, pues forman parte de un proceso vivo. Tememos que un
deseo de codificación exhaustiva pueda desvirtuarlas, con el riesgo de
ser concebidas por algunos como normas. Además, constatamos que
las tradiciones más importantes ya están recogidas en los textos de
nuestro derecho propio. Estas son ya suficientemente detalladas para
ayudarnos a vivir un espíritu de familia. Las demás tradiciones y
costumbres forman parte de la vida de la Legión y se van
transmitiendo de forma natural entre los legionarios desde los años de
formación.
- Vida litúrgica y ars celebrandi.
65. El Capítulo ha recibido un número relativamente alto de
aportaciones que reflejan preocupación por la vida litúrgica en la
Congregación. Deseamos recordar a todos los legionarios la eficacia
intrínseca y el valor pedagógico de la liturgia. En la Legión, vivir la
liturgia al paso de la Iglesia, con sobriedad, unción y sentido de lo
sagrado, ha sido un rasgo distintivo de nuestra identidad y amor a
Cristo. En nuestra Congregación no se adoptan acentos particularistas
ni se buscan formas novedosas de celebración, sino que buscamos
permanecer fieles al modo de celebrar de la Iglesia, en una expresión
sobria y fervorosa que custodie la fe y la haga visible.
66. Quisiéramos invitar a todos los legionarios a renovar su
«participación activa, consciente y fervorosa en la liturgia»,
profundizando personalmente y en comunidad en el valor de la liturgia
en nuestras vidas de sacerdotes y apóstoles Al subrayar la importancia
del ars celebrandi, la Iglesia pone de relieve el valor de las normas
litúrgicas, que no son formalismos externos, sino garantía de la fe
celebrada por el pueblo de Dios. Como Capítulo recordamos que cada
legionario, en su propio apostolado, es responsable de vivir y celebrar
la liturgia con las características propias y la fidelidad al Magisterio que
nos distinguen.
67. No es acertado pensar que el descuido de las normas, la
banalización de los cantos o la simplificación indebida de la liturgia la
harán más accesible o fecunda para el Pueblo de Dios. Por el
contrario, la belleza, vivida con sencillez y autenticidad, tiene una
fuerza de atracción propia, y lo sagrado, cuando es custodiado con
fidelidad, habla profundamente al corazón del hombre sediento de
Dios. Además, la vivencia profunda de la celebración litúrgica lleva a
esa entrega más completa de sí mismo expresada por san Pablo (cf
Rm 12,1) y expresada en nuestras Constituciones de «hacer de la
propia vida una perenne liturgia».
- La identidad se expresa en el apostolado.
68. La identidad del legionario también se expresa en toda su
actividad apostólica. En consecuencia, ciertos rasgos identitarios –
como el cristocentrismo– y aspectos esenciales de nuestra misión –
como la formación de apóstoles, líderes cristianos o los principios de
acción apostólica del Regnum Christi –, deben reflejarse en las
diversas iniciativas apostólicas de los legionarios. Este estilo ha de
hacerse presente también en las nuevas formas de apostolado, tales
como los diversos tipos de retiros, la evangelización digital en redes
sociales y otras expresiones emergentes. En este ámbito, un desafío
particular de los últimos años ha sido la tensión entre la presentación
personal y la identidad institucional o corporativa en el ámbito digital, lo
cual exige un discernimiento renovado para expresar con autenticidad,
unidad y responsabilidad quiénes somos.
- Compendio.
69. Finalmente, de algunos legionarios y asambleas territoriales ha
surgido la idea de elaborar un breve e inspirador compendio de lo que
caracteriza al legionario cuando se deja transformar por el carisma,
elaborado con lenguaje basado en elementos explícitos de los nuevos
textos aprobados. Hemos acogido esta sugerencia y proponemos el
texto que sigue:
Cristo reina en el legionario que:
vive como hijo amado del Padre; hace de la Eucaristía el centro de su
día; encuentra en Él su modelo de hombre y pastor; irradia la caridad
de su Sagrado Corazón; mira a los otros con los ojos de Jesús; refleja
su humildad y misericordia; es hermano de sus hermanos; ora y se
entrega con militancia; se levanta cuando ha caído; permanece
disponible como soldado raso; forma apóstoles, líderes cristianos;
camina al paso de la Iglesia; fomenta el espíritu de cuerpo y la
comunión; aprovecha el tiempo a la luz de la eternidad; acompaña a
María al pie de la Cruz; da la vida para hacer presente su Reino.
II. Segunda parte. Renunciando a todo lo que nos estorba.
Cuando Cristo ocupa el centro, nos damos cuenta de que hay cosas
que debemos dejar atrás. El corredor que quiere llegar a la meta debe
sacudirse el lastre. También nosotros estamos llamados al
desprendimiento evangélico para avanzar renunciando a todo lo que
nos estorba y al pecado que nos asedia (Hb 12,1). Esto no nos limita,
al contrario, potencia nuestra vida, nos permite crecer en libertad de
los hijos de Dios, amando y sirviendo sin reservas. En esta sección
compartiremos algunas reflexiones sobre la vida fraterna, el voto de
pobreza y el ejercicio evangélico de la autoridad y la obediencia
a. La vida fraterna en común. Congregavit nos in unum Christi
amor.
- La vida fraterna en Cristo.
70. Desde que el Capítulo de 2014 trató ampliamente el tema de la
vida fraterna en común hemos percibido con mayor claridad que
nuestra vida se articula en tres ámbitos profundamente unidos: la vida
de oración, la vida comunitaria y la misión. Somos contemplativos y
evangelizadores, y se hace cada vez más evidente la importancia de
vivir estas dimensiones como hermanos que se interesan unos por
otros, que se acogen cuando están cansados, que se salen al
encuentro, gozan y sufren juntos, que oran unos por otros y comparten
la misión. Pues «vivimos en comunidad en torno a Él, aprendiendo a
ser hermanos y haciendo la experiencia cotidiana de una comunión de
vida, oración y apostolado, con un solo corazón y una sola alma».
- Hermanos en la oración.
71. El legionario vive su comunión con Cristo en la oración personal
y comunitaria, pues donde dos o tres están reunidos en mí nombre, allí
estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20). Como religiosos, somos ante
todo una comunidad reunida por el Señor. En la escucha de la
Palabra, en la celebración de la Eucaristía y en la liturgia de las horas,
los legionarios aprenden a reconocerse no solo como compañeros de
misión, sino como hijos de un mismo Padre y miembros del mismo
Cuerpo. Ser hermanos al rezar significa dejarnos reunir por Cristo.
- Hermanos en la vida común.
72. Para vivir plenamente nuestra vida fraterna en comunidad, nos
inspiramos «en el testimonio de Jesucristo con sus Apóstoles».
Cuando Él está en medio de nosotros, renacen la paz y la unidad (cf
Jn 20,19). La vida comunitaria es el espacio donde el don de la
fraternidad se hace relación concreta. No basta compartir techo o
actividades; estamos llamados a compartir la vida. En esto conocerán
todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros (Jn 13,35).
Ser hermanos en la comunidad con gestos concretos de servicio,
estima y aprecio que encarnen la caridad es hacer visible Su
presencia en lo cotidiano.
- Hermanos en la misión.
73. Jesucristo nos envía para colaborar con Él en la instauración de
su Reino. Por tanto, la misión encomendada es para nosotros una
pasión común, fuente de unidad y de auténtica amistad. Cuando la
misión se desconecta de la vida fraterna, corre el riesgo de convertirse
en activismo o apropiación personal. Si, en cambio, es fruto maduro de
una comunidad que ora y se ama, se transforma en testimonio creíble
que cautiva. Ser hermanos en la misión es vivir el envío de tal modo
que se diga de nosotros: «Mirad cómo se aman».
- Unidad en la diversidad.
74. Esta vida fraterna se inserta en un estilo propio, marcado por una
intensa actividad apostólica, «en que cada día de fatiga por el Reino
es un regalo precioso de Dios que ya no volverá». La diversidad de
personalidades, culturas y edades –riqueza propia de nuestra
vocación–, junto con los límites de nuestra condición humana, pueden
dar lugar a tensiones. A ello se suma el desgaste, el cansancio o la
debilidad propios de una entrega generosa y de una conversión
siempre en camino, así como los momentos en los que un hermano
atraviesa períodos de fragilidad física, psicológica o espiritual que
pueden ser motivo de sufrimiento o preocupación para los demás.
Lejos de sorprendernos, estas realidades son para el legionario
ocasión concreta de crecer en la caridad y madurar en la comunión
fraterna. Pues «no se trata de eliminar las diferencias, sino de
armonizar la diversidad en beneficio de todos, aceptando las
divergencias como una riqueza» incluso cuando estas exijan abrazar
la cruz. Cuando Jesucristo es el centro de la comunidad, aprendemos
a aceptarnos, a valorarnos y a vivir la caridad como hermanos. De
este aprecio mutuo nace nuevamente el deseo y la fuerza de orar
juntos, de compartir la vida cotidiana y de desgastarnos por la misión.
- Relaciones de fraternidad y amistad.
75. Para armonizar estos tres ámbitos y para crecer en la «caridad
universal y delicada» que es el «corazón del espíritu de la Legión», un
elemento fundamental es el desarrollo de relaciones de calidad en
nuestras comunidades. Dice el libro del Eclesiástico, hablando del
amigo, que quien lo encuentra ha encontrado un tesoro (Si 6,14).
Además de cultivar la amistad, en la vida fraterna es necesario
aprender el arte de amar como hermanos a todos los que Cristo ha
puesto a nuestro lado. Allí donde se crean espacios, momentos y foros
que favorecen encuentros auténticos en caridad y verdad, crecen la
comprensión mutua, la estima y el apoyo fraterno en Jesucristo. No se
trata solo de compartir lo que hacemos, sino también lo que vivimos y
lo que llevamos dentro: las experiencias profundas del hombre de Dios
y del apóstol en misión. En nuestras formas concretas de trato, con
sus variaciones culturales y de sensibilidad, procuremos seguir
expresando el respeto y la delicadeza propios de la caridad fraterna y
de la formación humana del legionario, que en su trato humano
«refleja algo de la bondad y belleza de Dios mismo», como dice la
Ratio institutionis. En la medida en que conocemos al hermano,
comenzamos a comprenderlo; al comprenderlo, aprendemos a
quererlo; y al quererlo, deseamos sostenerlo, servirlo y compartir con
él la misión.
- Confianza mutua y plenitud sacerdotal.
76. Las comunidades testimonian que, cuando existen estas
relaciones sólidas y sinceras, aumenta la confianza mutua y se
aprende a armonizar mejor la tensión que puede existir entre oración,
comunidad y misión. La misión deja de ser «mi» apostolado para
convertirse en expresión de «nuestra» entrega a la misión que la
Iglesia nos ha confiado. La comunidad deja de percibirse como límite y
se experimenta como sostén y lugar de vida y donación. La oración
común deja de vivirse como obligación para convertirse en fuente
compartida que da fuerzas para la misión. Esta armonía tiene una
repercusión positiva en nuestra salud espiritual, mental e incluso física,
tan necesarias para crecer en el bienestar humano, la plenitud
vocacional y la fecundidad apostólica. Una comunidad así es un
corazón que late al unísono y sale al encuentro del hermano que, por
una razón u otra, se encuentra postrado y necesitado de ayuda al
borde del camino (cf Lc 10,30-37). Si en nuestro corazón arde el
deseo de cultivar nuevas vocaciones, tengamos también la conciencia
de que el hermano de comunidad es la primera vocación que estamos
llamados a cuidar.
- Proyecto comunitario.
77. Para consolidar este equilibrio contamos con un instrumento
privilegiado: el proyecto comunitario. Allí donde se vive con dedicación
y corresponsabilidad, genera paz, claridad y cohesión. En él, la
comunidad, bajo la guía del superior, llega a acuerdos, entre otras
cosas, sobre cómo y cuándo vivir la oración común; el testimonio
comunitario de pobreza que se quiere dar; qué momentos fraternos se
desean privilegiar; cómo organizar el descanso semanal y los tiempos
de recreación; de qué modo asumir la misión apostólica como
responsabilidad compartida, etc. En el proyecto comunitario pueden
surgir expresiones apostólicas que unen a toda la comunidad:
hospitalidad en la casa, presencia junto a los más necesitados,
acogida a jóvenes en proceso vocacional, etc. La mayoría de las
comunidades ya cuentan con su propio proyecto comunitario. Sin
embargo, es indispensable que se elabore, evalúe y actualice entre
todos, dejando tiempo suficiente para lograr un discernimiento
comunitario profundo.
- Formación continua para comunidades de apostolado.
78. Para que el proyecto comunitario y la vida fraterna en común
puedan desplegar todo su potencial y podamos llegar a ser «expertos
en comunión», nos parece necesaria una formación continua
específica. Superiores y súbditos están llamados a asumir y construir
juntos sus comunidades. De modo particular, el servicio de la
autoridad requiere acompañamiento y formación adecuada para
afrontar situaciones complejas con respeto, flexibilidad y acierto. El
superior está llamado a ser «hombre de Dios, maestro, padre, amigo y
hermano», capaz de sostener la comunión sin rigideces, pero sin
abdicar de su responsabilidad de dirigir la comunidad. Ha de fomentar
«la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía
fraterna y el discernimiento comunitario». Ese liderazgo evangélico,
que todos estamos llamados a cultivar, fomenta la subsidiariedad y la
corresponsabilidad.
- El don de la corrección fraterna.
79. El crecimiento en la fraternidad exige el arte de afrontar con
caridad y verdad conversaciones necesarias, a veces incómodas: Si tu
hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas (Mt 18,15).
La corrección fraterna evangélica es un auténtico don. El perdón y la
reconciliación, la escucha mutua y la misericordia cotidiana son pilares
de una comunidad madura. La experiencia demuestra que cuando
existen relaciones fraternas profundas y sinceras, la corrección surge
de manera natural. No hay vida fraterna auténtica sin paciencia, ni
paciencia sin amor concreto (cf. 1 Co 13,4). Y paciencia no significa
esperar pasivamente a que el hermano cambie, sino reconocer «que
el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como
es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me
molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo
esperaba». Se trata de cultivar la paciencia, la empatía y la caridad
que Cristo tiene con cada uno de nosotros.
- El descanso comunitario.
80. Finalmente no podemos olvidar el valor del descanso personal y
comunitario, tan importante para el bienestar sacerdotal y la
perseverancia de los legionarios. El Señor dijo a sus apóstoles: Venid
vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco (Mc 6,31). El
descanso compartido, vivido con sencillez y alegría, fortalece los
vínculos, previene el desgaste, renueva fuerzas y permite que nuestra
fraternidad sea testimonio vivo del Evangelio. Un descanso sano nos
permite afrontar la realidad y la misión con mayor serenidad, paciencia
en las diferencias y renovada disponibilidad para el servicio y la
misión. Cuando cuidamos nuestro descanso y el de nuestros
hermanos podemos evangelizar con mayor plenitud y convicción.
Además, si se vive sanamente, este da gloria a Dios (cf Is 58,13). Es
importante que, en el descanso aprendamos a armonizar su dimensión
personal y comunitaria.
- La vida fraterna como don para la Iglesia.
81. Para que nuestra entrega sea fecunda y creíble, estamos
llamados a redescubrir, como los apóstoles, que la misión se recibe
como comunidad de discípulos reunidos en torno a Cristo. El esfuerzo
por vivir la vida fraterna es en sí un don que santifica a toda la Legión
y un signo profético de comunión para la Iglesia que genera atracción.
Del encuentro con Cristo nace la fraternidad y de ahí brota nuestra
misión de «buscar que Cristo reine en el corazón de los hombres y en
la sociedad».
b. Vida pobre.
- Frutos de la pobreza.
82. Nuestras Constituciones invitan a cada legionario a vivir sin
reservas el voto de pobreza y gozar de los muchos frutos que produce
para nosotros y para aquellos a quienes servimos: «Amen la pobreza,
que mantiene el alma abierta hacia Dios y hacia los hombres; crea un
clima espiritual propicio a la docilidad interior, a la oración, al diálogo y
a la colaboración; alimenta la esperanza; engendra la justicia y la
misericordia; aumenta el amor y dona serenidad y alegría».
- Un aspecto que requiere renovación.
83. El Capítulo ha recibido muchas reflexiones de las asambleas
territoriales y de legionarios individuales sobre este asunto. También
en la encuesta diagnóstica sobre la vida religiosa hecha por el
gobierno general resultó un tema relevante. Es patente una
preocupación más o menos generalizada de que, en este campo, no
hemos progresado a la par de lo que se ha avanzado en otros
aspectos de nuestra renovación.
- Un horizonte que inspira e interpela.
84. Los padres capitulares comparten la convicción de que las
enseñanzas que ofrece nuestro derecho propio a este propósito nos
ofrecen un horizonte inspirador que nos interpela a acoger como
legionarios, con fidelidad creciente, la gracia de Cristo el cual, siendo
rico, se hizo pobre por vosotros para enriquecernos con su pobreza (2
Co 8,9).
- Una oportunidad de crecer.
85. Las preocupaciones que han llegado al Capítulo General hacen
patente la oportunidad que se nos presenta a todos para crecer en la
comprensión y asimilación de la belleza de este voto, en sus
exigencias concretas de nuestra vida como apóstoles y en comunidad,
para dar gloria a Dios edificando el Reino de Cristo en nuestro corazón
y en el de nuestros hermanos los hombres.
- Autoevaluación creativa.
86. Por eso, más que repetir lo que ya se expresa en nuestro
derecho propio, el Capítulo desea invitar a los legionarios, tanto
individualmente, como en comunidades y territorios, a emprender una
autoevaluación creativa, no solamente para valorar cómo hemos vivido
la pobreza en los años recientes, sino también para discernir con
interés nuevos caminos para florecer en el seguimiento de Cristo
pobre, abiertos a las novedades del Espíritu Santo.
- Avivar el don de Dios.
87. A este respecto, son iluminadoras las palabras del Apóstol Pablo
a Timoteo: Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti (2
Tm 1,6). Este verbo –como nos enseña el papa León XIV – evoca la
imagen de la brasa bajo las cenizas y, aplicado a nuestro voto de
pobreza, nos recuerda que debemos soplar sobre ese fuego interior
para que la intuición primera de nuestra consagración se mantenga
viva y ardiente. Solo así podremos configurarnos con quien se hizo
pobre para enriquecernos (2 Co 8, 9). Redescubramos la riqueza de la
libertad interior, de la disponibilidad hacia Dios y los demás,
dejémonos cuidar por su Providencia y experimentemos el gozo de
vivir con el estilo sencillo de Cristo.
- Abrazar con entusiasmo la pobreza.
88. Si en los próximos seis años cada territorio, cada comunidad y
cada legionario abraza con nuevo entusiasmo este voto y lo vive con
mayor coherencia y radicalidad evangélica, confiamos que crecerá
nuestra libertad interior y una disponibilidad más plena para el servicio,
de modo que la Legión y las personas a las que servimos puedan
beneficiarse del testimonio profético de quien vive con austeridad, libre
de ataduras materiales en este mundo.
- Examen personal, comunitario y territorial.
89. Este Capítulo General desea presentar algunos elementos de
crecimiento que están al alcance de todos si lo deseamos. Se
presentan como ayuda para la autoevaluación propuesta, sin
pretender ser exhaustivos.
• Recordamos a todos que la pobreza es ante todo una decisión
personal, que nadie puede delegar, y que cada uno está llamado
a asumir con convicción y libertad el compromiso de vivir pobre
por amor a Cristo, como parte del don de seguirle
personalmente, si bien la comunidad ayude y acompañe en este
proceso.
• La elaboración y la revisión periódica del proyecto comunitario es
una oportunidad privilegiada para discernir juntos cómo vivir
fielmente y dar testimonio comunitario de la pobreza profesada
por voto.
• Exhortamos a los directores territoriales y superiores locales a
establecer los mecanismos que faciliten la vivencia transparente
de la bolsa común en nuestras comunidades.
• Consideramos que una buena práctica para individuos y
comunidades es el contacto con situaciones de pobreza real,
adaptadas a la realidad y posibilidades de cada uno. Hemos
comprobado que esto ha supuesto una ayuda significativa para
muchos de nuestros hermanos.
• La práctica de rendir cuentas al superior es una prescripción de
nuestras Constituciones que fomenta el correcto discernimiento
en el uso del dinero. La exigencia de la rendición de cuentas se
extiende también al dinero del apostolado en la manera
establecida en cada territorio.
• Valoramos muy positivamente la iniciativa de algunas
comunidades para vivir lo que prescriben las Constituciones en
el número 22 § 3, las cuales, mediante el presupuesto
comunitario o la recaudación de donativos, destinan recursos
para ofrecer becas a nuestros colegios Mano Amiga u otras
obras que sirven a los más necesitados.
• Para fomentar la corresponsabilidad en la vivencia de este voto,
recordamos a los superiores locales la buena práctica de
compartir periódicamente el presupuesto, así como los informes
de ingresos y gastos a su comunidad. Lo mismo puede decirse a
la situación financiera de cada territorio.
• Exhortamos a los directores territoriales y a los superiores de
comunidad que cada legionario tenga la certeza de que sus
necesidades personales de manutención, vestido y salud están
cubiertas por la Congregación. Algunos testimonios recibidos
muestran que esto no es percibido así en todos los lugares. Es
comprensible que una sensación de inseguridad en este campo
pueda propiciar en algunos el planteamiento de una economía
personal al margen de los procedimientos establecidos, en
contradicción con nuestras Constituciones, para asegurarse el
tener cubiertas estas necesidades.
• Desde el Capítulo exhortamos a los gobiernos general,
territoriales y locales, así como a cada legionario, a discernir
sobre la necesidad o conveniencia de realizar gastos
institucionales o personales que contradigan, o puedan
percibirse como incoherentes con la pobreza religiosa profesada
por voto.
• Invitamos a los gobiernos general y territoriales a proponer en
los diversos países algunos principios rectores más concretos de
los que ofrece el derecho propio para vivir una pobreza
adecuada a la situación de cada lugar y adaptada a las nuevas
circunstancias. A modo de ejemplo, que las vacaciones no
tengan apariencia de lujo, que los donativos ordinariamente se
soliciten para la comunidad o apostolados, y no para un uso
personal, etc.
• Por último, invitamos a todos los legionarios a valorar su uso del
tiempo. Existe una cierta preocupación por tiempo excesivo que
algunos dedican al entretenimiento, en ocasiones yendo más allá
del necesario y legítimo descanso, en particular el uso sin
discernimiento del así llamado «descanso digital», que en
algunos casos puede impactar negativamente en la vivencia del
voto de castidad. Conviene, además, recordar que el
aprovechamiento del tiempo no consiste principalmente en hacer
más apostolado o estar ocupados, sino en aprender a alcanzar
la unidad de vida (p.ej., crecer en nuestra vida interior, formación
intelectual, descanso personal y en comunidad).
c. La vivencia evangélica de la autoridad y la obediencia.
90. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro
servidor (Mt 20,26). En Cristo, el ejercicio de la autoridad y la vivencia
de la obediencia encuentran su modelo y su sentido más profundo:
son caminos concretos de configuración con Él, que no ha venido a
ser servido, sino a servir (Mt 20,28). El santo padre León XIV nos
recordó en la audiencia que la autoridad en la vida religiosa «está al
servicio de la animación de la vida común, centrándola en Cristo y
orientándola hacia la plenitud de la vida en Él». Estas palabras
resuenan con fuerza en nosotros. Estamos llamados a vivir la
autoridad y la obediencia no como realidades opuestas, sino como dos
dimensiones del mismo misterio de amor y servicio.
91. Agradecemos a Dios el camino de renovación emprendido desde
2010, en el que la Iglesia evidenció de manera específica «la
necesidad de revisar el ejercicio de la autoridad, que debe estar unida
a la verdad, para respetar la conciencia y ejercerse a la luz del
Evangelio como auténtico servicio eclesial». Este proceso ha dado ya
frutos importantes, entre los que destacan nuestras Constituciones
aprobadas en 2014, las estructuras de gobierno renovadas, y la mejor
armonización de la vida religiosa con la práctica actual de la Iglesia.
92. Los padres capitulares hemos acogido y escuchado con atención
las inquietudes y propuestas expresadas por las asambleas
territoriales sobre la vivencia de la autoridad y la obediencia. No
podemos ignorar que seguimos viviendo un período de transición,
pasando de un modelo de vida religiosa con abundantes y detalladas
normas a otro en que el acento se pone más en el discernimiento y la
responsabilidad personal. Toda transición profunda puede generar
confusión e incertidumbre sobre el camino que se está recorriendo.
Queremos afrontar estos temas buscando dar respuestas a preguntas
como: ¿Qué significa obedecer bien, al estilo de Cristo, hoy? ¿Cómo
puede el superior gobernar? ¿Dónde está la línea entre el ejercicio
legítimo de la autoridad, su mal uso y el abuso? ¿Cómo hermanar la
libertad y la obediencia en la vida cotidiana y evitar excesos?
93. Dada su relevancia, nos ha parecido oportuno responder a estas
preguntas a partir del Evangelio y el Magisterio de la Iglesia en un
comunicado específico, que parte de la contemplación de Cristo,
modelo de toda autoridad y obediencia.
94. Este es un documento importante para toda la Congregación
Invitamos a cada legionario a leerlo con atención, a llevarlo a la
oración y al diálogo comunitario y personal con el propio superior. No
es un texto jurídico, sino una reflexión espiritual que busca iluminar la
vida concreta de nuestras comunidades.
95. A los superiores les agradecemos su dedicación generosa y los
exhortamos a vivir su servicio con la seguridad del que sabe que sirve
a Dios y con la ternura del que custodia a sus hermanos. A los
miembros de las comunidades los invitamos a una obediencia
sobrenatural, activa y madura, que integra el discernimiento personal y
comunitario de la voluntad de Dios y la oblación de sí mismos en la
obediencia para más identificarse con Cristo y recorrer con alegría el
camino de la santidad.
III. Tercera parte Corramos con perseverancia.
Fijos los ojos en Cristo, con el corazón desprendido, ahora nos toca
correr una carrera muy personal hacia la santidad, con la claridad de
quienes saben hacia dónde van y por qué: Correré por el camino de
tus mandatos cuando me ensanches el corazón (Sal 119,32).
Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca (Hb 12,1): Cristo
nos llama, nos forma y nos envía. Y nosotros, como legionarios,
tenemos un modo propio de participar en su misión: formar apóstoles,
líderes cristianos al servicio de la Iglesia.
En primer lugar, se atenderá la promoción vocacional en el contexto
actual; luego la formación inicial de los legionarios mismos; después la
misión y finalmente la relación de la Legión con la Federación Regnum
Christi y sus componentes.
a. Una renovada visión vocacional.
- La llamada de Jesús resuena hoy.
96. Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres (Mt 4,19).
Esta llamada de Jesús sigue resonando hoy. Y aunque la cultura
actual exalte la autonomía individual, los jóvenes siguen sedientos de
trascendencia, de un «más» que colme el corazón. El concepto
«vocación» –a menudo reducido en la cultura secularizada a una
simple elección funcional– debe ser anunciado como lo que realmente
es: un designio personal de amor de Dios para cada persona concreta.
Tenemos la certeza de que, aun en contextos cambiantes, el Dueño de
la mies sigue llamando. Por eso el Señor nos invita a ser
colaboradores audaces, preparando con Él un terreno más dispuesto
para la gracia.
- Respuesta pastoral a un contexto cambiante.
97. El Capítulo reconoce que el contexto sociocultural ha cambiado:
los procesos de discernimiento son más complejos, los jóvenes
enfrentan dificultades para comprometerse y tomar opciones
definitivas, la fe en las familias ha disminuido y la cultura que antes
sostenía una visión cristiana del mundo se ha difuminado por la
secularización. Pero esta situación no puede paralizar a los discípulos
de Cristo. Más bien nos anima a dar un salto de calidad en enfoque y
visión: queremos pasar de una «pastoral de la emergencia» a una
expresión estable de la maternidad de la Iglesia; de una promoción
centrada en ciertos perfiles, a una propuesta amplia dirigida a todos;
de la lógica del reclutamiento a un acompañamiento respetuoso, que
ayude a cada persona a discernir su propia verdad ante Dios; de
iniciativas aisladas a una acción coral sostenida por toda la comunidad
eclesial. Y, sobre todo, queremos pasar del cansancio a un renovado
impulso creativo, humilde y valiente, que asume los errores del pasado
y confía en la potencia siempre nueva del Espíritu.
- Custodiar y reavivar el fuego recibido.
98. La pastoral vocacional que queremos proponer no consiste
principalmente en métodos nuevos, sino en custodiar y reavivar el
fuego recibido como don de Dios. Si el corazón arde por Cristo, la
esperanza se vuelve contagiosa y la proclamación vocacional recobra
su frescura. Invitamos a los legionarios a renovar su disponibilidad
interior para colaborar con el Señor para ser pregoneros de la llamada
de Dios, formar en la escucha y el discernimiento, acompañar a los
jóvenes hacia el desarrollo pleno de su vocación bautismal, conocer y
promover las iniciativas vocacionales de sus territorios, y abrir sus
comunidades a los jóvenes que tienen la inquietud de conocer nuestro
estilo de vida. Confiamos en que el nuevo sexenio se distinga por un
anuncio vocacional renovado.
- Documento de profundización.
99. Al final de este Comunicado ofrecemos un documento completo
sobre la promoción vocacional. Es un texto que profundiza en cada
uno de estos aspectos, que ofrece criterios, ambientes, agentes,
medios e itinerarios concretos, y que traza un camino claro para el
sexenio.
b. La formación inicial.
100. A la luz de los informes del director general y de los directores
territoriales, los padres capitulares hemos evaluado el estado global de
la formación inicial. Si bien no ha sido uno de temas centrales de
nuestros trabajos, queremos compartir nuestra lectura de la situación
actual.
- Los frutos.
101. Constatamos, en primer lugar, los buenos frutos de la labor
formativa en este sexenio. Agradecemos al Dueño de la mies las
nuevas generaciones de legionarios que viven un encuentro auténtico
con el Señor, el deseo de santidad, un gran sentido de fraternidad, el
deseo de relaciones profundas con los demás, un gran amor por la
Legión y la aspiración de contribuir a la misión del Regnum Christi.
Estos hermanos nuestros que conocieron la historia de nuestro
fundador antes de entrar o en sus primeros años de formación, tienen
una visión humilde, realista y a la vez entusiasta de nuestra
Congregación, así como conciencia viva de sus propios límites y
debilidades.
- Nuestra experiencia en Roma.
102. Por eso, al escuchar los padres capitulares las inquietudes que
sobre la formación inicial algunos han expresado, queremos decir con
alegría y confianza que hemos constatado que dicha formación es
sólida y bien orientada y que tiene detrás un esfuerzo muy serio por
estructurar algunos procesos. Todavía hay algunos aspectos por
mejorar, como pueden ser el desarrollo de competencias propias de la
misión específica en el Regnum Christi, madurez emocional, etc. Pero
somos testigos de que los religiosos en Roma son una gran esperanza
para el futuro.
- Los retos de la renovación.
103. Al inicio de nuestro proceso de renovación, no contábamos con
una Ratio institutionis, lo cual inevitablemente causó por un tiempo
cierta desorientación. Constatamos con gratitud que esta confusión ya
se ha superado y hoy contamos con programas formativos basados en
estos documentos. Ahora el esfuerzo principal consiste en aplicarlos
con constancia y creatividad e ir valorando los resultados formativos
por medio de los instrumentos desarrollados a este efecto.
104. En efecto, la formación inicial de los legionarios ha evolucionado
profundamente en los últimos veinte años. Ha sido un período de
búsqueda, a partir de nuestra experiencia formativa en la
Congregación y la necesidad de adecuarla a los desafíos actuales.
Hemos experimentado que estos ajustes son buenos, pero el proceso
no ha estado exento de titubeos, aprendizajes y algunos errores.
105. En continuidad con el proceso iniciado bajo la guía del delegado
pontificio, hemos adoptado una pedagogía que privilegia más los
principios y ofrece la suficiente flexibilidad para personalizar los
procesos formativos y adecuarlos a las realidades de tiempos y
lugares.
- Comunicación del proceso de actualización.
106. El esfuerzo intencional y sostenido de actualizar la formación a la
luz del proceso de renovación y según las directrices de la Iglesia,
particularmente del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y
las Sociedades de Vida Apostólica, y del Dicasterio para la Educación
Católica, no siempre ha sido bien comunicado a la Congregación.
Quizás este factor ha contribuido a la difusión de percepciones que no
hacen justicia al trabajo que se está realizando y los frutos que se
están teniendo.
- Cambios y progresos de los últimos años.
107. La Ratio institutionis «Christus vita vestra», publicada en 2017, y
la Ratio studiorum «Sapientia Christi», ambas promulgadas por el
Capítulo General de 2020, han dado el marco de referencia de este
delicado proceso de formación. En el sexenio que concluye se han
elaborado algunos instrumentos aplicativos y de evaluación, como los
perfiles de egreso, los objetivos y proyectos formativos de cada etapa,
entre otros. También se han producido instrumentos de autoevaluación
de los religiosos y de verificación por parte de los formadores. En 2025
se publicó un marco general que permite coordinar mejor los objetivos,
programas y medios entre etapas. En parte esto se ha logrado gracias
a las reuniones anuales entre instructores de novicios y superiores de
las casas de formación, que han fortalecido la unidad del itinerario
formativo. Se ha hecho un esfuerzo consciente por asignar a las casas
de formación a sacerdotes con las cualidades, competencias y
preparación necesarias para esta delicada labor.
- Formación inicial con vistas a la misión.
108. La misión del legionario le exige una preparación intelectual y
cultural sólida y profunda, para poder evangelizar la cultura y el
pensamiento. El director general en su informe mencionó que se
percibía en algunos un cierto desinterés por esta sólida y alta
formación intelectual. Por eso, invitamos a todos los legionarios a
capacitarse para dar razón de su fe (cf 1 P 3,15) dialogar con el mundo
y proponer la racionalidad y coherencia del mensaje cristiano. De ahí
que la formación intelectual del legionario no es mero intelectualismo,
sino que está «orientada a comunicar a Cristo y su mensaje». En la
medida de lo posible, esta formación se ha de acompañar de la
obtención de grados académicos.
- Etapas previas a las prácticas apostólicas.
109. La articulación y duración de las etapas previas a las prácticas
apostólicas (humanidades y filosofía) siguen generando preguntas. El
Capítulo ha recibido diversas propuestas para resolver los problemas
señalados, pero no ha contado con elementos suficientes para tomar
una decisión responsable sobre un cambio a la práctica actual. Es una
tarea iniciada en el pasado y que habrá de continuar en el próximo.
- Evaluación sistemática.
110. Recomendamos al nuevo gobierno que realice una evaluación
sistemática de los objetivos actuales en cada área y etapa de nuestra
formación.
- Escuela de formadores legionarios
111. Igualmente, recomendamos al director general que procure
desarrollar una escuela de formadores legionarios que permita
capacitarlos de acuerdo con el carisma y misión propios.
- Agradecimiento a los formadores y a los hermanos en formación
inicial.
112. Queremos agradecer de manera especial a los legionarios que
han colaborado en la formación inicial de sus hermanos más jóvenes.
A ellos se les ha confiado la tarea más delicada, quizá hoy más que
ayer. Ellos la han llevado adelante con amor y abnegación, buscando
implementar con fidelidad y creatividad las indicaciones de los
capítulos generales y lo previsto en la Ratio institutionis y en la Ratio
studiorum.
- Papel de los formadores.
113. Los formadores, de un modo eminente, «hacen presente el
misterio de Cristo que reúne en torno a sí a los apóstoles, les revela el
amor de su corazón, los forma y los envía». Invitamos a todos a
valorar esta delicada misión, a descubrirla como una vocación
personal y a aceptar con generosidad la llamada del Señor por la
obediencia a este fecundo ministerio.
- Una palabra a nuestros hermanos.
114. Dirigimos una palabra a nuestros hermanos que han vivido la
formación inicial durante estos años. Queremos reconocer su
perseverancia, su apertura y su deseo de responder a la llamada de
Cristo con fidelidad. La Legión los mira con gran esperanza. A ellos y a
los legionarios que vendrán, les reiteramos el compromiso de seguir
caminando con ellos aprendiendo juntos a ser discípulos y apóstoles
de Cristo para servir a la Iglesia.
c. La Legión de Cristo en la Federación Regnum Christi.
115. Fijar los ojos en Jesús no es un ejercicio solitario. Cristo nos
congrega, nos hace familia, nos envía juntos. Y para nosotros,
legionarios de Cristo, esa familia tiene un nombre: el Regnum Christi.
Pertenecemos constitutivamente a esta familia espiritual y cuerpo
apostólico, y es desde ahí, en comunión con las consagradas, los
laicos consagrados y los miembros asociados, donde vivimos nuestra
vocación y cumplimos nuestra misión y servicio a la Iglesia.
116. El camino de estos seis años en la Federación Regnum Christi
ha sido intenso. La aprobación de sus Estatutos y la puesta en marcha
de las Obras Comunes han conllevado cambios significativos en el
gobierno de nuestra actividad apostólica y en la autocomprensión de la
Congregación. Han sido años de aprendizaje, de frutos reales, pero
también de dificultades que no podemos ignorar. Las asambleas
territoriales han expresado con honestidad tanto las bondades como
los desafíos: desafección de algunos legionarios, sensación de ser
frenados, la falta del debido acompañamiento y de claridad sobre
quién gobierna el apostolado, conflictos en nombramientos, etc. Y con
igual honestidad reconocemos dificultades que tienen su origen en
nosotros mismos: insuficiente conocimiento de los Estatutos, dificultad
para integrarnos en las dinámicas de un gobierno colegial, poco
espíritu de trabajo de equipo, comunicación a veces deficiente.
117. El Capítulo ha dedicado tiempo a diagnosticar la situación con
realismo y caridad. Hemos identificado causas de fondo: visiones
distintas sobre el modo de articular el carisma común y la identidad
propia de cada vocación, tensiones no siempre asumidas o resueltas
entre autonomía y unidad, desconfianzas mutuas que necesitan ser
sanadas. A la vez, hemos reconocido con gratitud los frutos de
comunión, corresponsabilidad y madurez que se han dado en estos
años. El santo padre nos recordó que «la diversidad de formas no
debilita la unidad, sino que la enriquece». Y nos invitó a «tener la
capacidad de armonizar la diversidad en beneficio de todos,
aceptando las divergencias como una riqueza y discerniendo juntos
los caminos que el Señor nos propone».
118. Creemos en el Regnum Christi como don del Espíritu Santo a la
Iglesia. La Federación no es un fin en sí mismo, sino un instrumento
jurídico al servicio de la comunión misionera de diversas vocaciones
nacidas de un mismo carisma. Por eso, las dificultades no nos
desalientan; nos invitan a madurar. Necesitamos afirmar con igual
vigor tanto la autonomía de cada institución federada –condición
necesaria para una comunión auténtica– como el espíritu de comunión
que exige escucha, diálogo, confianza mutua y respeto a los ámbitos
de responsabilidad de cada uno. Solo cuando esta sana tensión se
asume serenamente, el carisma común puede desplegarse en toda su
fecundidad.
119. Al final de este Comunicado ofrecemos un documento más
amplio sobre nuestra identidad y misión en la Federación Regnum
Christi. Es un texto importante, fruto de un discernimiento profundo y
honesto. Aborda con claridad los desafíos actuales, propone líneas de
acción concretas y traza un camino de renovación que involucra a toda
la Congregación y a los diversos niveles de gobierno. Invitamos a
todos a leerlo con apertura y a asumir con responsabilidad las líneas
de acción que se proponen. Creemos que, rectamente comprendida y
fielmente implementada, la Federación sigue siendo un instrumento
válido para vivir e impulsar la comunión en la misión.
d. La misión: Caritas Christi urget nos.
- Caritas Christi urget nos.
120. Nos apremia el amor de Cristo (2 Co 5,14). Esta urgencia
apostólica de san Pablo configura también nuestra vocación, pues el
legionario se deja penetrar por el amor de Cristo hacia la humanidad y
por eso busca que Él reine en el corazón de los hombres. Así, la
caridad de Cristo orienta nuestra vida, con corazón indiviso, hacia la
misión.
- Apóstoles en un cambio de época.
121. Vivimos esta llamada en un contexto de transformaciones
profundas: nuevos lenguajes culturales, tecnologías inéditas –como la
inteligencia artificial– cuyo impacto social apenas alcanzamos a
vislumbrar, modos de relación que influyen en la comprensión de la
verdad y de la libertad. Al mismo tiempo, crece entre los hombres y
mujeres de nuestro tiempo el deseo de interioridad, de vínculos
auténticos, de sentido. Igual que Pablo en el Areópago (cf Hch 17,22-
28), cada legionario está llamado a leer estos signos de los tiempos
con mirada creyente, reconociendo en ellos los interrogantes que solo
Cristo puede colmar.
- Un horizonte unificador.
122. El Capítulo ha discernido la oportunidad de dar un paso hacia un
mayor enfoque apostólico. No se trata de añadir prioridades nuevas,
sino de expresar con mayor claridad y sencillez aquello que ya es
nuestro: vivir lo más propio de nuestro carisma con unidad y dirección
independientemente de la tarea concreta que se nos ha confiado en el
cuerpo de la Legión y el Regnum Christi. Nuestra misión sigue siendo
«formar apóstoles, líderes cristianos al servicio de la Iglesia»,
poniendo especial atención en el acompañamiento personal. Este es
nuestro horizonte unificador, el criterio desde el cual evaluar nuestras
obras y actividad: ¿formamos apóstoles? ¿Favorecemos un
acompañamiento real que conduzca al encuentro con Cristo y a la
misión para mejor servir a la Iglesia y a nuestros hermanos los
hombres?
- Un documento de profundización sobre la misión.
123. Al final de este Comunicado ofrecemos un documento más
extenso sobre la misión del Legionario en el contexto actual. Es un
texto que ofrece criterios claros de discernimiento y que propone
modos concretos de vivir la misión con audacia y fidelidad creativa.
Invitamos a cada legionario a estudiarlo con cuidado, a llevarlo a la
oración y al diálogo comunitario, y a dejarse interpelar por las llamadas
que contiene. Debemos recordar que la misión no se improvisa: se
discierne, se prepara en la oración, en la formación personal, se
persigue con sana tenacidad, y se vive desde el Corazón de Cristo.
IV. Cuarta parte Soportó la cruz y está a la derecha del Padre.
El mismo Cristo que nos impulsa a correr es quien nos enseña el
camino, pues Él, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz,
despreciando la ignominia, y está sentado a la derecha del trono de
Dios (Hb 12, 2). La cruz conduce a la derecha del Padre. Nuestra
memoria, asumida con fe, no puede ser entendida como un obstáculo
sino como un camino pascual. Por eso podemos contemplarla con
realismo y esperanza, aprendiendo de nuestros errores, abriéndonos a
las novedades de Dios y renovando nuestro compromiso de colaborar
con Cristo para que venga a nosotros su Reino.
a. Esbozo de una lectura bíblica de nuestra historia.
124. Durante el Capítulo General hemos recordado lo que escribía el
P. John Connor el 15 de septiembre de 2025: «Tenemos una historia
que contar […], que resuena con las personas a quienes queremos
evangelizar, una historia de heridas y sanación, de pecado y
arrepentimiento, de perdón y misericordia. El mundo necesita nuestro
testimonio, no a pesar de nuestra historia, sino precisamente a través
de ella, transfigurada por la gracia».
125. De diversas maneras nos hemos acercado a la historia con ojos
de fe. No ha buscado ser un ejercicio nostálgico ni una simple
rendición de cuentas, sino el esfuerzo por descubrir el mensaje que
Dios ha escrito en ella. Nuestra historia contiene luces y sombras,
frutos abundantes y heridas profundas, entrega generosa y dolor real.
Como el pueblo de Israel en el desierto, también nosotros hemos
aprendido que solo haciendo memoria podemos saber quiénes somos
y hacia dónde nos llama el Señor.
126. La Escritura nos ofrece dos palabras que parecen
contradictorias, pero que, como mucho en la vida cristiana, entran en
una tensión fecunda y necesaria. Por un lado, Moisés nos dice:
Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará (Dt 32,7). No podemos caminar
hacia el futuro desligados del pasado. Por otro lado, el profeta Isaías
proclama: No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad
que realizo algo nuevo (Is 43,18-19). Creemos que entre estas dos
llamadas se sitúa el camino de nuestra familia espiritual: recordar sin
quedar paralizados, mirar hacia adelante sin olvidar.
127. Al ser la mirada de nuestra historia algo central, en donde brilla
sobre todo la acción de Dios, ofrecemos un comunicado temático que
no pretende ser una palabra definitiva sobre nuestra historia, sino
principalmente una herramienta –entre muchas posibles– que puede
sernos de ayuda para acercarnos a ella con una visión de fe. Es un
esbozo y no un tratado exhaustivo, que propone y desarrolla cuatro
verbos que pueden guiar nuestra relación con el pasado: conocer,
comprender, vivir y comunicar.
128. Creemos que esta aproximación a un marco teológico –que
también hace una serie de recomendaciones a nuestros superiores–
puede iluminar el trabajo de quienes investigan nuestra historia con
rigor científico. También aspira a ser una clave interpretativa que
impulse a cada legionario que busca comprender su identidad y misión
a la luz de lo vivido en nuestra Congregación. No tememos la verdad:
la buscamos con honestidad, sabiendo que solo la verdad hace libres
(cf Jn 8,32).
129. Invitamos a cada legionario a leer este documento con calma y a
dejarse interpelar por la Palabra de Dios que resuena en estas
páginas. Que el Espíritu Santo nos ayude a integrar nuestra historia
con lucidez y esperanza, reconociendo en ella la fidelidad de Dios que
hace nuevas todas las cosas (cf Ap 21,5).
b. Consideraciones sobre la reconciliación.
130. Durante el Capítulo hemos dedicado tiempo a reflexionar en
pequeños grupos sobre la reconciliación, sintiéndonos interpelados por
las palabras del Señor en el discurso de la Montaña: Si cuando vas a
presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu
hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete
primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar
tu ofrenda (Mt 5,23-24). También en la oración del padrenuestro, Jesús
nos pide que seamos capaces de perdonarnos unos a otros pues, sin
esta disposición interior, nuestro corazón no puede recibir la
misericordia del Padre hacia las propias faltas (cf Mt 6,12). Todo ello
nos ha llevado a la convicción de que queremos ser hombres de
reconciliación
131. Reconocemos que es parte de nuestra espiritualidad
cristocéntrica salir al encuentro de aquellos a quienes hayamos herido
consciente o inconscientemente Dios Padre, rechazado muchas veces
por el hombre, fue quien tomó la iniciativa de venir a nosotros
enviándonos a su Hijo (cf. Mt 12,6). Vino a su casa, y los suyos no lo
recibieron (Jn 1,11): a Cristo tampoco le desalentaron nuestros
rechazos para encarnarse y mantener siempre su mano tendida a
todos. Por tanto, también nosotros tenemos el deber de hacer lo
mismo con militancia, es decir, tomando la iniciativa.
132. Hemos llegado a la conclusión, después de dialogar sobre este
punto, que la reconciliación no se logra mediante gestos institucionales
ostentosos que pudiéramos hacer como Capítulo, pues en los roces
de la vida diaria estos pierden su significado. Es precisa una decisión
personal de cada uno de los legionarios de salir al encuentro de los
que tenemos más cerca, de buscar a aquellos que se hayan sentido
heridos por causa suya, se haya o no tenido la intención de hacerlo.
Pensamos especialmente en otros hermanos legionarios, en las
consagradas y laicos consagrados del Regnum Christi, incluidos
quienes ya no están con nosotros. En una familia se da el hecho de
que a quienes herimos con más frecuencia son precisamente las
personas que más queremos. Así ha sucedido entre nosotros.
133. Recordemos, en definitiva, que el legionario está llamado a ser
un constructor de puentes, e invitamos a considerar que este elemento
es un rasgo de nuestro carisma, es decir, del don de Dios para
nosotros: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos
serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). El legionario quiere hacer suya
esta bienaventuranza, pues, movido por el Espíritu Santo, se esfuerza
por vivir la comunión con sus hermanos y prolonga esta experiencia de
comunión al hacerse constructor de paz y unidad a su alrededor».
Señor Jesús, Tú que en la cruz reuniste en tu cuerpo a los hijos
dispersos, enséñanos a no huir de nuestras heridas y a ofrecerlas
contigo al Padre. Haz de nosotros instrumentos de reconciliación en tu
Iglesia, artesanos de comunión al servicio de la misión, testigos
creíbles de tu amor que salva. Que de tus llagas brote para nosotros la
verdad que libera, la comunión que edifica y la esperanza que
evangeliza. Cristo Rey nuestro, ¡venga tu Reino!
c. Actualización de «Proteger y sanar».
134. El Capítulo General reitera la convicción de la Legión de Cristo
que la protección de los menores y de las personas vulnerables, la
acogida de quienes han sufrido abusos, y la garantía de procesos
justos para todos los implicados no son tareas que se concluyen, sino
compromisos que exigen atención y mejoras constantes.
135. En estos seis años transcurridos desde la promulgación de
«Proteger y sanar», constatamos que hemos aprendido mucho.
Hemos visto arraigarse y crecer una cultura de la tutela en nuestras
comunidades e instituciones. Constatamos mejoras en nuestros
protocolos de prevención y atención a víctimas. Se han presentado
informes anuales sobre el alcance de este fenómeno en la
Congregación. Hemos contado con la colaboración generosa de
personas expertas e independientes, y dado pasos reales –aunque
nunca suficientes– en el acompañamiento de quienes han sufrido
abusos por parte de miembros de la Congregación.
136. A todos cuantos han hecho posible estos avances –legionarios,
colaboradores, expertos externos, miembros del Regnum Christi y de
modo especial, víctimas de abusos y hermanos nuestros que han
vivido estos procesos y nos han ofrecido con parresía su
retroalimentación– el Capítulo General expresa su sincero
agradecimiento y su compromiso de seguir trabajando para fomentar
una cultura donde la dignidad de cada persona, creada a imagen y
semejanza de Dios, esté en el centro.
137. Al mismo tiempo, el Capítulo reconoce con humildad que el
documento y su aplicación no han estado exentos de errores. En
algunos casos, la atención debida a las víctimas no llegó con la
prontitud o la sensibilidad que merecían, y eso ha causado un dolor
que lamentamos sinceramente. En otros, el legítimo deseo de
transparencia y reparación a las personas afectadas no siempre supo
armonizarse con el derecho universal de la Iglesia, particularmente en
el respeto debido a la presunción de inocencia y a la buena fama de
las personas acusadas, causando daños que tampoco podemos
ignorar y que nos duelen profundamente. Por otra parte, algunos
hermanos nuestros que han sido hallados culpables de estos delitos,
se han sentido solos, e incluso abandonados, durante sus procesos
judiciales y mientras cumplen las penas que les fueron impuestas. A
quienes han padecido estos errores y a sus familias, el Capítulo
General, en nombre de toda la Legión, pide sinceramente perdón y
renueva su compromiso de aprender de estos hechos en adelante.
138. Son precisamente estos aprendizajes los que han guiado las
enmiendas que el presente Capítulo ha introducido en «Proteger y
sanar». Se trata ahora de un documento normativo que, manteniendo
intactos sus principios fundamentales de prevención, acogida a las
víctimas y búsqueda de la justicia para todos, incorpora los avances
del derecho canónico de estos años: la reforma del Libro VI del Código
de Derecho Canónico, la publicación y subsecuente actualización del
Vademécum del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre los casos
de abuso sexual a menores cometidos por clérigos, las revisiones de
las cartas apostólicas publicadas en forma de motu proprio
Sacramentorum sanctitatis tutela y de Vos estis lux mundi, así como
las Orientaciones del Dicasterio para los Textos Legislativos sobre la
tutela de la buena fama y los derechos de las personas acusadas.
139. El Capítulo General ha encargado al director general la
promulgación de la versión actualizada de «Proteger y sanar», que
pasa a ser en adelante un documento de su competencia. Se busca
así darle la flexibilidad suficiente para permitir una adaptación más ágil
a la continua evolución de la normativa canónica y civil, sin necesidad
de esperar a la celebración de un Capítulo General. Confiamos que
esta decisión redunde en una mayor capacidad de la Congregación
para cumplir, con fidelidad y responsabilidad, su deber de proteger a
los más vulnerables, buscar la verdad y la justicia, caminar junto a
quienes han sido heridos y trabajar denodadamente para que la Iglesia
sea un lugar seguro para todos.
d. Otros cambios al derecho propio.
140. En relación con el derecho propio, se revisaron todas las
propuestas que llegaron de las asambleas territoriales o presentaron
algunos legionarios de manera personal. Se recibieron propuestas de
revisión o modificación a las Constituciones, a las Normas
complementarias y a la Ratio institutionis «Christus vita vestra» .
141. Se establecieron algunos criterios para la revisión de las
Constituciones considerando los cánones 578 y 587 del Código de
Derecho Canónico, las indicaciones recibidas por el Dicasterio para los
Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la
praxis eclesial y el impacto que las propuestas recibidas tendrían en la
vida de la Legión.
142. También se tuvo presente la necesidad de mantener una
armonía entre los elementos espirituales y jurídicos del texto
constitucional, evitando la multiplicación de las normas sin necesidad y
evitando hacer correcciones meramente redaccionales o introducir
matices o aspectos accidentales.
143. En muchas de las propuestas se constató que ya estaban de
alguna manera contenidas en la legislación propia, pues las normas
vigentes ofrecen la apertura necesaria para responder a las
situaciones que se presentaban. Los cambios a las Constituciones
serán presentados por el gobierno general al Dicasterio para los
Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
para recibir su aprobación definitiva y poderlas incorporar al texto
constitucional. Estos cambios se comunicarán después de recibir la
respuesta del Dicasterio.
144. Para las Normas complementarias se aceptaron más cambios de
contenido y, en algunos casos, de redacción, para definir mejor lo que
es normativo y ofrecer una mejor guía de aplicación.
145. Estos cambios están recogidos en un decreto incluido en este
Comunicado, junto con una explicación sucinta de cada modificación.
V. Conclusión.
- Una experiencia de comunión y fraternidad.
146. Este Capítulo ha supuesto una profunda experiencia de
comunión en la alegría de nuestra común vocación. Las diferencias de
opinión no nos han separado, sino que nos han hecho buscar juntos el
camino. Hemos sido testigos de mucha grandeza humana en nuestros
hermanos: honestidad, valentía, humildad, capacidad de escucha y de
dejarse iluminar por el otro, magnanimidad para cambiar la propia
visión y buscar siempre el bien común. No se han obviado las
tensiones, vividas en la verdad y la caridad, y estas han contribuido a
un discernimiento maduro y profundo.
147. Hemos podido experimentar que lo que nos une –la certeza de la
fidelidad de Dios, el amor al hermano y la convicción de ser llamados
juntos a custodiar y promover un don de Dios– ha sido lo más
determinante. A lo largo de estas semanas hemos experimentado que
nadie sobra, que cada uno, con su modo de ser y sus convicciones, es
un tesoro que enriquece a nuestra familia. El camino compartido nos
llena de alegría, gratitud y entusiasmo por ser legionarios de Cristo y
nos ha movido a querernos aún más como hermanos. Pedimos al
Señor que nos permita colaborar para que este espíritu de fraternidad
permee todas nuestras comunidades.
148. Dirigimos una palabra de agradecimiento y aprecio a quienes
nos han sostenido y acompañado, en particular a los laicos
consagrados, las consagradas y demás miembros del Regnum Christi.
Nos enorgullece formar parte de una misma familia y queremos seguir
entregando nuestras vidas junto con ellos para hacer presente el
Reino de Cristo.
- Un tiempo de esperanza – una nueva etapa.
149. Al concluir el V Capítulo General ordinario, recordamos las
palabras con las que el papa León XIV cerraba su discurso en la
audiencia que nos concedió: «Que este Capítulo los abra a un tiempo
de esperanza. El Señor sigue llamando y enviando; sanando y
purificando, por ello su tarea consiste en discernir cómo responder con
fidelidad al presente que Dios pone en sus manos. Confiando esta
nueva etapa de su Congregación a la protección maternal de Nuestra
Señora de Guadalupe, les imparto de corazón la Bendición
Apostólica».
150. Estas dos expresiones –un tiempo de esperanza y una nueva
etapa– han resonado fuertemente en nuestros corazones. Sentimos
que con todo lo vivido, sufrido y aprendido en los últimos veinte años
nos abrimos a un tiempo de esperanza para dedicarnos con más
libertad, enfoque y nuevo entusiasmo a nuestra misión en la Iglesia.
- Discernir cómo responder al presente.
151. Hemos experimentado una gran sintonía con el reto que el santo
padre nos presentaba en la audiencia, de responder con fidelidad
creciente al presente que Dios nos ofrece. A lo largo de seis semanas
hemos orado y trabajado juntos. Queremos compartir con este
Comunicado a todos los legionarios las reflexiones y resoluciones de
este Capítulo para ayudarnos a dar, como Congregación, una
respuesta renovada a Cristo.
152. Deseamos resaltar tres actitudes que proponemos a nuestros
hermanos de todas las etapas de la vida esparcidos en el mundo.
Creemos que viviéndolas juntos podremos hacer nuestra la invitación
que Dios nos hace para mejor encarnar el cristocentrismo legionario
hoy:
a. A la luz de nuestras reflexiones y la necesidad de seguir creciendo
en la caridad y la benedicencia, la vida fraterna y la reconciliación,
queremos invitar a todos a imitar a Cristo tratando a los demás con
bondad, sencillez y misericordia.
b. Hemos podido acercarnos y valorar el don de nuestra vida religiosa,
y por ello animamos a todos a conformar el propio corazón con el de
Cristo en la búsqueda de la santidad por la vivencia delicada de los
consejos evangélicos.
c. En modo particular, hemos experimentado y querido reflejar la
urgencia de la misión que el Señor nos confía para servir a la Iglesia
desde el Regnum Christi. Así, exhortamos a todos los legionarios a
despertar y formar el celo apostólico y el liderazgo cristiano en nuestro
entorno.
153. Creemos que si todos, personal y comunitariamente, ponemos
de nuestra parte para vivir estos elementos durante seis años,
desataremos más aún el poder transformador de nuestro carisma para
que Cristo reine en nuestras vidas, en el corazón de los hombres y en
la sociedad para la gloria de Dios. Esta es la invitación que el Capítulo
General deja a todos los legionarios.