Comunicado Capitular 2026

Texto Espiritual 16.641 palabras Actualizado: 21 de mayo de 2026

Ver texto plano (.txt)
Comunicado Capitular 2026 Capítulo General ordinario de los Legionarios de Cristo - DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV Discurso del santo padre León XIV a los participantes del Capítulo General de los Legionarios de Cristo. Jueves, 19 de febrero de 2026. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes. Eminencia, Excelencia, queridos hermanos: Me alegra recibirlos en la fase final de su Capítulo General. Como en la vida de todo instituto religioso, este es un tiempo de gracia, ya que constituye un momento privilegiado de discernimiento comunitario y de escucha al Espíritu Santo, que sigue guiando su historia y sosteniendo la misión confiada a su Congregación, en fidelidad al carisma recibido como un don de Dios para la Iglesia. Es, además, la ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de un carisma que, a través de diversos caminos y expresiones históricas –a veces dolorosas y no exentas de crisis– ha dado origen a la Congregación de los Legionarios de Cristo, unida por una misma raíz espiritual y por una pasión apostólica común. Esta memoria compartida no mira solo al pasado, sino que impulsa a una renovación constante en el presente, fieles al Evangelio. El carisma es un don del Espíritu Santo. Cada instituto y cada uno de sus miembros están llamados a encarnarlo personalmente y en comunidad, en un continuo proceso de profundización de la propia identidad que los sitúa y los define dentro de la Iglesia y de la sociedad. Este camino constituye, a su vez, una aportación valiosa para la Iglesia en su conjunto y, de modo particular, para la familia espiritual del Regnum Christi. La diversidad de formas, estilos y acentos en la vivencia del carisma recibido no debilita la unidad, sino que la enriquece, como en «el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad». Por esta razón, no se debe temer la pluralidad, sino acogerla y discernirla, y permitir que se exprese para responder con mayor transparencia y fidelidad a la llamada de Dios. Al igual que en una familia cada miembro posee su propia identidad y misión, también entre ustedes la pluralidad de dones manifiesta la fecundidad del Espíritu y fortalece la misión común. Como se ha mencionado, el carisma es un don del Espíritu Santo; es Él quien distribuye sus dones (cf 1 Co 12,11), y lo hace para la renovación y edificación de la Iglesia. Como dice san Pablo, «en cada uno se manifiesta para el bien común» (1 Co 12,7). Por ello, el carisma debe ser recibido con gratitud y consuelo. Recuerden, por tanto, que no son dueños del carisma, sino sus custodios y servidores. Están llamados a entregar su vida para que este don siga siendo fecundo en la Iglesia y en el mundo. Por ello, este Capítulo los invita a seguir preguntándose cómo vivir hoy, con fidelidad creativa, la intuición carismática que dio origen a su familia religiosa. Un Capítulo General también es el momento para evaluar el camino recorrido y discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, el camino por recorrer. De este modo, ustedes han considerado el ejercicio del gobierno y de la autoridad en el instituto como uno de los temas centrales. La autoridad, en la vida religiosa, no se entiende como dominio, sino como servicio espiritual y fraterno a quienes comparten la misma vocación. Su ejercicio debe manifestarse en el «“arte del acompañamiento”, para aprender a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf Ex 3,5). [...] Con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana». La autoridad en la vida religiosa está también al servicio de la animación de la vida común, centrándola en Cristo y orientándola hacia la plenitud de la vida en Él, evitando toda forma de control que no respete la dignidad y la libertad de las personas. Entre las tareas fundamentales del gobierno religioso se encuentra, de igual forma, la de promover la fidelidad al carisma. Para ello, es necesario fortalecer un estilo de gobierno caracterizado por la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el discernimiento comunitario. Un buen gobierno, en lugar de concentrarlo todo en sí mismo, fomenta la subsidiariedad y la participación responsable de todos los miembros de la comunidad. La vida consagrada, llamada a ser experta en comunión, crea espacios donde el Evangelio se traduce en fraternidad concreta. Durante estos días, sin duda, han vivido una experiencia concreta de comunión entre hermanos de diversas culturas y realidades, de generaciones distintas, y entre quienes ejercen responsabilidades de gobierno y quienes sirven cotidianamente en comunidades y misiones. La misión de ustedes consiste en ofrecer este testimonio visible de escucha mutua y de búsqueda conjunta de la voluntad de Dios, tanto para sus comunidades como para aquellos a quienes encuentran en el camino mientras cumplen su misión: «La unidad misionera, obviamente, no debe entenderse como uniformidad». No se trata de eliminar las diferencias, sino de tener la capacidad de armonizar la diversidad en beneficio de todos, aceptando las divergencias como una riqueza y discerniendo juntos los caminos que el Señor nos propone. Este proceso requiere humildad para escuchar, libertad interior para expresarse con sinceridad y apertura para aceptar el discernimiento conjunto. Se trata de una exigencia inherente a toda vocación que se vive en comunidad. La Iglesia vive hoy una intensa llamada a la sinodalidad, es decir, a caminar, escuchar y discernir juntos. El Capítulo General es, por su propia naturaleza, un ejercicio sinodal en el cual todos están llamados a aportar su experiencia y sensibilidad para construir juntos el futuro del instituto. Queridos hermanos, los exhorto a seguir viviendo en actitud de oración, humildad y libertad interior. No sigan intereses particulares o regionales, ni busquen meras soluciones organizativas, sino ante todo la voluntad de Dios para su familia religiosa y para la misión que la Iglesia les ha confiado. Que este Capítulo los abra a un tiempo de esperanza. El Señor sigue llamando y enviando; sanando y purificando, por ello su tarea consiste en discernir cómo responder con fidelidad al presente que Dios pone en sus manos. Confiando esta nueva etapa de su Congregación a la protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe, les imparto de corazón la Bendición Apostólica. Comunicado del Capítulo General 2026. Corramos con perseverancia, fijos los ojos en Jesús. - El camino del Capítulo. 1. Del 20 de enero al 27 de febrero de 2026, sesenta legionarios de Cristo nos hemos reunido en Roma para celebrar nuestro V Capítulo General ordinario Al igual que los primeros cristianos, nos hemos sentido rodeados de una ingente nube de testigos (cf Hb 12,1). En efecto, no estábamos solos: nos acompañaban con su oración legionarios, miembros del Regnum Christi y de toda la gran familia que es la Iglesia Hemos experimentado a nuestro lado la presencia de quienes nos precedieron en la fe: los santos, nuestros patronos y protectores, los mártires de Roma, así como nuestros hermanos que ya descansan en el Señor Sobre todo, hemos vivido unidos en Cristo bajo la mirada amorosa del Padre, la compañía del Espíritu Santo, la intercesión de la Virgen María, reina de los apóstoles. 2. Como cristianos, no debemos afrontar la vida con actitud pasiva La carta a los Hebreos nos invita a participar en una carrera muy personal: Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca... fijos los ojos en... Jesús (Hb 12,1-2). Por eso este Comunicado no es un mero informe; nace del testimonio de quienes hemos contemplado juntos la meta, hemos sentido el peso de la fatiga y la tentación de detenernos, pero fijando los ojos en Jesús hemos recobrado fuerzas para seguir adelante. Queremos ahora compartir esta experiencia con nuestros hermanos en todo el mundo. 3. Hemos vivido estas semanas como un verdadero ejercicio sinodal: caminando y rezando juntos, escuchándonos, discerniendo bajo la guía del Espíritu. No todo ha sido fácil. Hemos tenido que afrontar preguntas difíciles, reconocer heridas que no acaban de sanar, aceptar que hay cruces que seguirán acompañándonos, dejar las propias seguridades y puntos de vista para comprender las del otro y velar por el bien de toda la Legión. Hemos experimentado la fuerza del Espíritu, la alegría de la vida fraterna, en la que brillan tanto la unidad como la diversidad, la riqueza que aportan los legionarios de distintas generaciones en diálogo, la pasión por el Regnum Christi y la Legión, el celo por la misión y el compromiso salir al encuentro de nuestros hermanos. - Momentos de gracia. 4. Antes del Capítulo, Mons. Brian Farrell, L.C., secretario emérito del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos, nos predicó unos ejercicios espirituales que dispusieron nuestros corazones a las labores que nos esperaban Él nos invitó a renovar la fe, a buscar el «más», el ir «más lejos», a servir y amar a la Iglesia con pasión. 5. La misa del Espíritu Santo en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe el 20 de enero marcó la apertura oficial. En ella, el P. John Connor, L.C., quien como director general presidió la eucaristía junto con sus consejeros, nos recordó que al Capítulo «no venimos solo a hablar, venimos a ofrecernos a Dios» y nos exhortaba a llegar «con el corazón disponible para escuchar y hacer lo que Dios quiere». Concelebraron con nosotros los sacerdotes de las comunidades de Roma. 6. En la fiesta de la presentación del Señor y jornada de la vida consagrada, muchos de los padres capitulares participamos en la misa con el santo padre León XIV en la Basílica de San Pedro. Fue un momento de comunión eclesial y ocasión para renovar nuestra consagración en presencia del sucesor de Pedro 7. Los días 4 y 5 de febrero fueron momentos centrales del Capítulo: elegimos como director general al P. Carlos Gutiérrez López, y le dimos como consejeros generales a los padres Hernán Jiménez Barrera, Michael Brisson, Miguel Cavallé Puig, Robert Presutti, Adolfo Güémez Suárez y David Daly. El P. José Cárdenas Jiménez fue reelegido como administrador general. 8. El 7 de febrero celebramos la eucaristía con todas las comunidades de Roma en el Colegio Internacional. Nuestro nuevo director general nos recordó en la homilía que la lucha verdadera para que Cristo reine en nuestro corazón se da en la oración. 9. El Capítulo General ha coincidido con las asambleas generales de las Consagradas y de los Laicos Consagrados del Regnum Christi. El 9 de febrero las consagradas nos ofrecieron en su casa de Castel di Guido una cena fraterna a los delegados de las tres asambleas. Fue una ocasión para confirmar nuestro deseo de caminar juntos, de colaborar en la misión y de apreciar las expresiones particulares del carisma que son propias de cada vocación y enriquecen a nuestra familia. 10. El miércoles de ceniza tuvimos un día de retiro para ayudarnos a emprender el camino cuaresmal. Fue un día de especial sentido de penitencia y reparación, así como de compromiso por la propia conversión y reconciliación personal e institucional. 11. El santo padre León XIV nos recibió en audiencia en la Sala del Consistorio la mañana del 19 de febrero. Era la primera vez desde 1992 que el sucesor de Pedro recibía a un Capítulo General de los Legionarios de Cristo. Le escuchamos con emoción: «Es, además, la ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de un carisma que, a través de diversos caminos y expresiones históricas –a veces dolorosas y no exentas de crisis– ha dado origen a la Congregación de los Legionarios de Cristo, unida por una misma raíz espiritual y por una pasión apostólica común». También nos señaló que el carisma es un regalo del Espíritu para la Iglesia, que somos «custodios, no dueños» de este don, y que «la diversidad no debilita la unidad, sino que la enriquece». Nos recordó que la autoridad exige el «arte del acompañamiento» y nos exhortó a que «el Capítulo nos abra a un tiempo de esperanza» y a vivirlo con «oración, humildad y libertad interior». Además, nos impartió a nosotros y a todos los legionarios la bendición apostólica. 12. Ese mismo día, en la hora eucarística, rezamos unas letanías, pidiendo luz y libertad interior al Señor para dejar atrás todo lo que no haya sido conforme a su verdad en nuestra vida y renovar nuestro sí a Cristo y a nuestro carisma que tiene razón de ser en el servicio a la Iglesia. - Naturaleza de este Comunicado. 13. Este Comunicado quiere compartir con toda la Legión lo que hemos vivido, orado, hablado y decidido como Capítulo General. Para comprender su alcance, es importante recordar lo que nuestras Constituciones establecen como tareas principales del Capítulo: examinar la situación de la Congregación, elegir al nuevo gobierno, tomar las medidas oportunas para velar por su espíritu, promover su desarrollo, impulsar la misión y afrontar los retos más importantes. No pretende ser exhaustivo, sino compartir las orientaciones principales que el Señor nos ha inspirado para nuestro caminar como Congregación. Conviene leerlo en su conjunto e interpretar las diferentes partes a la luz de todo el documento capitular, para evitar visiones parciales. Cada parte cobra sentido a la luz del todo, unidas por un único hilo: Cristo, centro, criterio y modelo de nuestra vida y misión. 14. El Capítulo recibió 292 propuestas de las asambleas territoriales, 442 aportaciones individuales de legionarios, y algunas aportaciones de personas externas. Hemos tenido oportunidad de leerlas y de tratar muchas de ellas en nuestras discusiones. Hay otras que por su naturaleza deben atenderse en los territorios o bien a través de los proyectos comunitarios. A todos los que participaron con sus reflexiones, gracias: su voz ha enriquecido nuestro discernimiento. - El camino recorrido estos seis años. 15. El Capítulo inició con la presentación del informe del director general y sus colaboradores, así como los informes de los directores territoriales. Hemos podido profundizar en ellos a través de las «conversaciones en el Espíritu» en grupos pequeños, que es el método que se utilizó en el Sínodo 2021-2024 y en el primer consistorio del papa León XIV. Esta dinámica ha dado pie a conversaciones muy profundas, una escucha desarmada y un aprecio sincero por lo que Dios está haciendo en el corazón de nuestros hermanos. 16. El sexenio 2020-2026 estuvo marcado por grandes desafíos, aunque nunca por la ausencia de las bendiciones que Dios no deja de prodigar. El COVID-19 puso a prueba nuestra capacidad de adaptación y de cercanía fraterna: las limitaciones impuestas por el distanciamiento se convirtieron, paradójicamente, en ocasión de una notable creatividad apostólica y comunitaria. 17. Por otro lado, el período de gobierno que concluye se ha visto marcado por cambios organizativos importantes: la puesta en marcha de las nuevas estructuras de gobierno de las Obras Comunes y de la Federación Regnum Christi. 18. Algunos de los puntos focales de este gobierno han sido la implementación de la Ratio institutionis, la perseverancia de los legionarios, su crecimiento espiritual y humano, y su entrega generosa a la misión de formar apóstoles, líderes cristianos al servicio de la Iglesia. Con confianza en Dios, se han buscado nuevos cauces a la promoción vocacional cuidando mucho el discernimiento auténtico. 19. La promoción de ambientes seguros, la prevención de abusos y la atención a víctimas se han convertido ya en elementos adquiridos e irrenunciables de nuestra cultura interna. Al mismo tiempo, la experiencia de estos años nos ha hecho ver errores que se habían cometido en estos procesos y que han causado sufrimiento. Hemos afrontado la implementación de mejoras urgentes, en particular en el compromiso con la prevención y la atención respetuosa y cercana a las víctimas de abuso, conscientes de que siempre podemos y debemos mejorar. Sigue siendo una necesidad ofrecer un mejor acompañamiento a las personas acusadas y a quienes han sido hallados culpables y afrontan las penas impuestas por las autoridades. 20. Hemos intentado reproponer con pasión y autenticidad evangélica nuestra misión en las secciones del Regnum Christi y el ECYD, en el ámbito educativo y universitario, en la predicación del evangelio, la formación en la oración, el acompañamiento y la pastoral familiar. En estos años, los legionarios se han prodigado en parroquias, en la formación de sacerdotes, seminaristas y personas consagradas, en los medios de comunicación, las obras de caridad cristiana, en el trabajo con los más necesitados y un sinnúmero de iniciativas vividas en unión de otros miembros del Regnum Christi y agentes pastorales en la Iglesia. 21. Una mención especial merece el cuidado a nuestros hermanos legionarios mayores y enfermos, un campo donde somos conscientes de que debemos volcarnos todavía más. 22. Juntos hemos podido palpar el progreso en el camino de conversión, purificación y renovación que hemos recorrido de la mano de la Iglesia con especial intensidad desde 2006. Hemos evaluado serenamente y desde Cristo los avances y las tareas pendientes en para vivir un ejercicio de la autoridad y de la obediencia religiosa cada vez más evangélicos, así como el desarrollo de la vida fraterna, nuestra identidad sacerdotal y religiosa, la misión del legionario y la práctica de la pobreza. 23. En este marco los padres capitulares pudimos revisar la situación de las obras educativas donde colaboramos con las otras instituciones federadas. Constatamos que el proceso de implementación del nuevo esquema de gobierno ha sido un camino que, aunque no ha estado exento de dificultades, en su conjunto ha resultado ser positivo. Como fruto de esta valoración decidimos renovar la decisión de seguir llevando adelante conjuntamente estas obras comunes, incorporando los aprendizajes de estos últimos seis años. 24. En ámbito administrativo, hemos recibido un informe detallado de la situación financiera de la Congregación que ha sido además estudiado en profundidad por una comisión del Capítulo. Hemos encontrado que la situación es estable, hay orden y responsabilidad en la gestión de los bienes materiales y se ha logrado una reducción significativa de la deuda. A quienes prestan su servicio en este campo vital y a veces poco apreciado, nuestra enorme gratitud en nombre de toda la Legión. 25. En síntesis: han sido seis años de trabajo intenso, aprendizaje, purificación y esperanza. Incluso en medio de errores y de heridas por sanar, sentimos la mano de Dios que nos guía, y contemplamos agradecidos la entrega de tantos hermanos, con la confianza en que Cristo puede hacer nuevas todas las cosas. Quedan desafíos, sí, pero los abordamos con esperanza. - Agradecimientos. 26. Como Congregación, queremos dar gloria a Dios Padre por su fidelidad y por su misericordia que nos sostienen. Ponemos en manos de María los dones recibidos durante este Capítulo para que puedan dar en el tiempo todo su fruto. 27. Damos gracias al papa Francisco por su acompañamiento durante su pontificado y al papa León XIV por recibirnos en audiencia y sus palabras de paternidad. Renovamos nuestra fidelidad al sucesor de Pedro en la Iglesia. 28. Expresamos nuestra profunda gratitud al P. John Connor, quien durante seis años sirvió como director general con entrega, liderazgo y clarividencia en tiempos complejos. Una enfermedad le impidió en los últimos meses ejercer plenamente su mandato, circunstancia que hemos vivido con dolor. Su testimonio nos ha edificado con una predicación que brota de la vida más que de las palabras Lo acompañamos con nuestras oraciones. Con él, agradecemos a los consejeros salientes: los padres Jesús Villagrasa, Rafael Ducci, Pedro Barrajón y Gerardo Flores, y a todo el equipo de trabajo de la Dirección General. 29. Agradecemos a las Consagradas, a los Laicos Consagrados y a todos los miembros del Regnum Christi por habernos acompañado con su oración, testimonio y colaboración fraterna. 30. Merecen una mención especial las comunidades de Roma –en particular la Sede de la Dirección General y la Comunidad de Teología– que con generosidad abnegada cuidaron todos los detalles del Capítulo. Su servicio silencioso ha sido un conmovedor testimonio de caridad. 31. Finalmente, agradecemos a todos los legionarios: novicios y religiosos en formación que miran hacia el futuro con ilusión y esperanza; a los sacerdotes que entregan su vida en la misión, en medio de dificultades que Dios conoce; a nuestros hermanos mayores y enfermos cuyo sufrimiento ofrecido se convierte en fuente de gracias para toda la Legión; también recordamos a quienes han dejado la Congregación, a quienes seguimos queriendo como hermanos; y por supuesto, a los legionarios que partieron a la casa del Padre en estos seis años. A todos, gracias. Prefacio: Un marco para caminar en la verdad. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo (Jn 17,17-18) 32. Un Capítulo General es un camino sinodal, donde los participantes, en un ambiente de oración y de escucha recíproca para discernir la voz de Dios en los hermanos, quieren entrar más plenamente en esa verdad de la que nos habla el Señor, como servicio a toda la Congregación Por eso, el presente Capítulo ha intentado ante todo hacer una lectura creyente del hoy de la Legión de Cristo. 33. Efectivamente, un cuerpo apostólico no vive solo de estructuras o decisiones, sino del relato creyente que da sentido a lo que vive y orienta sus pasos. De un Capítulo General no han de esperarse únicamente disposiciones, sino un discernimiento espiritual que nos lleve a reconocer qué historia estamos encarnando hoy como Legión de Cristo y hacia dónde nos conduce el Señor. 34. Este camino parte de la gratitud a Dios por los frutos buenos que nos ha permitido dar –todo lo que hay de bueno en nosotros viene de Él–, la alegría por el don de la Iglesia nuestra Madre y el regalo de la fraternidad y amistad que hemos encontrado en el seno de la Legión. Al escudriñar a la luz de la fe nuestra historia con sus luces y sus sombras no queremos justificar el pasado ni clausurar preguntas, sino ofrecer una lectura común, honesta y verificable, de la historia reciente, que permita asumir la verdad de lo vivido y situarnos con mayor realismo en el momento actual. 35. Esta lectura se inscribe en nuestra Iglesia y en el ambiente sociocultural contemporáneo, marcado por transformaciones profundas: cambios en la comprensión de la persona y de los vínculos, fragilidad de las instituciones, aceleración tecnológica, secularización, pluralismo cultural y crisis en la transmisión de la fe. En nuestras sociedades, muchas de ellas poscristianas, la fe ya no se apoya en consensos culturales, sino que se vive como propuesta, testimonio y servicio. También la Iglesia atraviesa tensiones visibles: entre fidelidad a la tradición y necesidad de renovación, entre autoridad y corresponsabilidad, entre la custodia del depósito recibido y la búsqueda de lenguajes nuevos. La Legión no vive estos desafíos al margen del cuerpo eclesial. Todo lo que hemos atravesado no puede interpretarse únicamente como una anomalía institucional, sino como parte de procesos más amplios que interpelan hoy a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal en su conjunto. 36. Esta perspectiva eclesial no diluye la singularidad de lo vivido por la Legión. La etapa actual no se comprende adecuadamente si se reduce a una crisis moral, jurídica o estructural. Lo que se vio afectado fue también el relato interior que durante décadas dio cohesión, dirección y sentido compartido a la vida legionaria: un relato que unificaba misión, identidad y futuro, que ofreció dinamismo apostólico y generó frutos reales, pero que necesitaba una purificación profunda. Los hechos ligados al fundador, que causaron un gran sufrimiento a muchas personas, afectaron la comprensión de la autoridad, de la obediencia, de la mediación espiritual, de la confianza institucional y del modo de transmitir el carisma. Esta realidad marcó de manera decisiva el proceso vivido, sin agotar ni definir por sí solo toda la historia de la Legión. 37. La intervención de la Iglesia fue un acto de discernimiento y de cuidado pastoral. La Legión acogió este camino en obediencia, reconociendo la autoridad eclesial para purificar, custodiar y confirmar un carisma necesitado de una revisión profunda. En este proceso, la Iglesia no negó los frutos de bien y de fecundidad evangelizadora que habían surgido, sino que quiso situarlos en un horizonte de verdad más plena. La duración y profundidad del proceso se explican por esta complejidad. No se trató simplemente de corregir desviaciones o reformar estructuras, sino de atravesar el colapso de un relato institucional con consecuencias espirituales, comunitarias y apostólicas inéditas. Asumir esta verdad no significa reducir la historia de la Legión a una herida, sino distinguir con mayor lucidez entre el don recibido y sus deformaciones, para que el carisma pueda ser vivido con mayor verdad y libertad. En términos bíblicos, es la experiencia del pueblo en el desierto: Dios sigue presente, pero ya no se camina con las mismas seguridades (cf Ex 16-17; Os 2,16). La pérdida de seguridades no es señal de ausencia del Padre, sino muchas veces el lugar donde se renueva la alianza. 38. En este tiempo han emergido tensiones reales en la Legión: entre tradición y renovación, entre autonomía y unidad, identidad propia y pertenencia al Regnum Christi, vida fraterna y dinamismo apostólico, sanar heridas muy reales y responder a necesidades nuevas. Estas tensiones no son negativas de por sí: son tensiones fecundas y espacios de discernimiento que llaman a una mayor fidelidad evangélica. 39. La Escritura muestra que Dios actúa desde la fragilidad asumida: Abraham, un hombre marcado ya por la muerte (Hb 11,12), Moisés torpe de boca y de lengua (Ex 4,10), David el menor de sus hermanos (1 S 16,11) y Pablo con una espina en la carne (2 Co 12,6). Así también el Señor no rehace la Legión apoyándose en su fuerza institucional, sino conduciéndola a una dependencia más consciente de su gracia. 40. El núcleo del carisma permanece vivo. No depende de formas históricas concretas ni de modelos cerrados, sino de una configuración cada vez más transparente con Jesucristo, que no ha venido a ser servido, sino a servir (Mc 10,45). Caminamos atentos a su obrar con nosotros, porque el relato fundamental de la vida de toda persona y obra en la Iglesia es: Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo (Jn 5,17). Tal como quedó codificado en nuestras Constituciones, buscamos que Cristo reine y damos gloria a Dios viviendo un cristocentrismo real; en nuestra misión hacemos presente el misterio de Cristo que reúne, revela, forma y envía para colaborar con Él en la instauración de su Reino. 41. Como nos recordó el papa León XIV en su audiencia a los padres capitulares, este camino pasa por la humildad, la libertad interior y una autoridad entendida como servicio espiritual y fraterno, recordando que no somos dueños sino custodios y servidores de un carisma. En continuidad con este llamado eclesial, sabemos que la purificación no es un paréntesis, sino una etapa constitutiva de la fecundidad futura. 42. Son muchos los signos que ya vemos de esta reconfiguración: una conciencia más clara de corresponsabilidad eclesial, la búsqueda de formas de gobierno y ejercicio de la autoridad más evangélicas, una atención más explícita a las personas, una revisión más realista de la formación y de las prioridades apostólicas, y una aceptación más humilde de los propios límites y el cuidado y protección de los más vulnerables. Estos signos no constituyen todavía una síntesis acabada, pero señalan una dirección. Coexisten avances y resistencias. Algunas heridas todavía requieren tiempo, escucha y procesos de reconciliación que no se improvisan. 43. Somos conscientes de que la Legión no está llamada a realizar su misión «a pesar de» los sucesos dolorosos del pasado, sino precisamente a través de ellos, porque «el Señor ha actuado y continúa actuando en y a través de estos hechos misteriosos». La pregunta decisiva no es qué dejamos atrás, sino a qué somos conducidos hoy. Y esa finalidad no es autorreferencial: la purificación nos dispone a servir mejor a la Iglesia, a los fieles y a quienes más necesitan esperanza, con obras apostólicas más evangélicas y una presencia sacerdotal más transparente. 44. En este momento histórico, emerge con fuerza en muchos legionarios el anhelo de un horizonte apostólico y testimonial claro, exigente y entusiasmante, que dé sentido a la entrega personal y proyecte fecundidad evangélica a sus vidas. El horizonte que se perfila es el de una Legión más pascual: más centrada en Cristo, más fraterna, más eclesial, y más disponible para la misión que el Espíritu confía hoy a la Iglesia. Esto interpela directamente nuestras decisiones en ámbitos como la formación, el gobierno, la vida fraterna y las prioridades apostólicas, para que la Pascua se haga visible en la manera concreta de ejercer la autoridad, acompañar a las personas y salir al encuentro de quienes viven lejos de la fe. 45. Esta lectura no sustituye el juicio moral ni la responsabilidad histórica ya asumida, ni pretende cerrar el discernimiento de la Congregación. Más bien quiere ofrecer un marco común, una «gramática espiritual» compartida, que permita reconocer también la acción de Dios en la historia vivida y orientar con mayor verdad las decisiones presentes. En este sentido, esta gramática espiritual pide ser traducida progresivamente en criterios verificables: primacía de la persona, verdad y transparencia, corresponsabilidad eclesial, sobriedad institucional y audacia misionera. 46. En efecto, cuando Cristo resucita saluda con la paz a sus apóstoles y les muestra sus heridas. Esas llagas muestran el mal humano. Pero Jesús no centra su identidad en torno a ellas: no reprocha, no se victimiza, sino que asume la historia y en sí mismo la redime y la resucita. Su actitud no es defensiva, es misionera. Mira a sus apóstoles y les confía el Reino. Les hace entender que Él ya ha vencido, que la última palabra no la tiene el pecado, ni el escándalo, ni la debilidad humana, ni las circunstancias adversas, sino su presencia viva entre nosotros. Así está llamada a vivir la Legión su Pascua: mostrando al mundo sus heridas e invitando en nombre de Cristo a proclamar que donde el mal cerró las puertas al futuro, el poder de la Resurrección descubre nuevos caminos llenos de esperanza. 47. En este camino, la Legión no avanza sola ni apoyada únicamente en sus propias fuerzas. Es el Espíritu Santo quien sigue guiando el caminar personal e institucional, actuando en la conciencia de cada legionario y en el discernimiento del cuerpo entero. Confiados en su acción, continuamos nuestra peregrinación en la historia junto a las demás vocaciones con las que, en el seno del Regnum Christi, compartimos un mismo carisma, abiertos a dejarnos conducir, purificar y enviar, con la certeza de que Dios sigue obrando en medio de su pueblo. El presente Comunicado Capitular toma este pasaje de la carta a los Hebreos como esquema en torno al cual desarrollar las reflexiones que los padres capitulares ofrecemos a la Congregación como fruto de nuestra oración, diálogo, reflexión y discernimiento: “Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios" (Hb 12,1-2). I. Primera parte: La mirada puesta en Cristo Habiendo contemplado el marco en que Dios nos sitúa hoy, lo primero y esencial es fijar nuestra mirada en Cristo. Como nos dice la Carta a los Hebreos: fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús (Hb 12,2). Sin Él en el centro, nada tiene sentido. Con Él, todo cobra vida. En esta sección compartimos algunas reflexiones sobre el cristocentrismo y cómo se encarna en la vocación y vida del legionario. a. Cristo, centro de nuestra vida. 48. Reconocemos que Cristo es el centro del que todo brota y hacia el que converge toda nuestra vida. Con Él, incluso el cansancio se transforma en ofrenda y la cruz en camino pascual. Las palabras de Cristo sin mí no podéis hacer nada (Jn 15,5) son más que una advertencia, son una invitación a permanecer en la fuente de toda fecundidad. 49. Como los discípulos de Emaús, también nosotros hemos experimentado momentos de desconcierto y cansancio. Durante el camino de renovación, quizás hemos cedido a la tentación de mirarnos demasiado a nosotros mismos. Pero el Señor se nos ha acercado, ha caminado con nosotros, nos ha abierto las Escrituras y ha hecho arder nuestro corazón (cf Lc 24,13-35). Y como Tomás, que tocó el costado abierto del Resucitado, también nosotros hemos sido invitados a poner la mano en sus llagas y reconocer: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20,28). Cristo no es una idea que aceptamos, sino una Persona viva que nos busca, nos salva y nos envía. 50. Volver a Cristo significa permitirle retomar la iniciativa en nuestra vida. Significa dejar que Él nos salga al encuentro –personalmente y como comunidad– y que nos haga las preguntas necesarias, como hizo con los de Emaús: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? (Lc 24,17). Significa escuchar su Palabra hasta que el corazón arda y los pies se dispongan nuevamente a la misión. Cuando Cristo ocupa realmente el primer lugar, todo lo demás encuentra su sitio: la oración deja de ser un deber y se convierte en encuentro fecundo; la vida fraterna se purifica del egoísmo; el apostolado recobra su frescura original. 51. Este cristocentrismo no es una abstracción, sino la actitud más concreta de todas. Se verifica en la relevancia que la Eucaristía tiene en nuestra vida, en nuestro silencio que permite escuchar la Palabra, en la voluntad de abrazar la cruz con el Señor, en la atención y cuidado con que salimos al encuentro de Cristo en el hermano. Como religiosos se expresa de modo especial para nosotros en los consejos evangélicos, que nos configuran con Cristo pobre, casto y obediente. Se manifiesta en la manera en que nuestras decisiones reflejan que Él es el criterio último de nuestro querer y nuestro obrar. Como nos recuerdan nuestras Constituciones, el legionario está llamado a «centrar toda su existencia en Cristo por medio de un amor real, personal, viril y apasionado a Él». No basta con hablar de Cristo; es necesario dejarse configurar por su Corazón. 52. El cristocentrismo es la característica fundamental y específica de la espiritualidad legionaria. En san Juan contemplamos al discípulo que cree en el amor de Jesús, permanece fiel, reclina la cabeza sobre el pecho del Señor (cf Jn 13,23) y descubre en el costado traspasado la fuente de la vida (cf Jn 19,34). En san Pablo vemos al apóstol configurado desde dentro por el Señor: No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí (Ga 2,20). En ambos se armonizan la contemplación y el envío, la intimidad con el Señor y la audacia misionera. En esa misma escuela queremos situarnos nosotros, llamados a que Cristo sea realmente nuestra vida: Christus vita vestra (Col 3,4). 53. Al final de todo el Comunicado ofrecemos un documento temático más amplio sobre el cristocentrismo a modo de exhortación final y que es fruto de la reflexión capitular. No es un texto más entre otros, sino una meditación sobre el corazón que late en todas las páginas de este Comunicado. Invitamos a cada legionario, a cada comunidad, a recorrerlo con calma, a dejarse interpelar por él, a permitir que encienda nuevamente el fuego del primer amor. Porque solo cuando Cristo es verdaderamente el centro, todo lo demás – identidad, formación, misión, comunión– encuentra su unidad, su lugar y su sentido. b. Vivir nuestra vocación legionaria. - Sed de vivir plenamente nuestra identidad. 54. Al revisar las aportaciones personales y de las asambleas hemos constatado que existe una sed de autenticidad, un deseo de vivir más plenamente nuestra identidad, ayudados por textos propios que nos arraiguen en una más profunda fidelidad al carisma y al Evangelio. La espiritualidad del legionario fortalece su identidad, pues le permite florecer en el carisma propio a través de toda la riqueza de su personalidad, en comunión interna y externa con sus hermanos. Un indicador de la madurez de una institución como la nuestra se da cuando, más que centrarse en reflexiones sobre la propia identidad, se piensa, se actúa, se escribe y predica a partir de dicha identidad. - Un centro de espiritualidad legionaria. 55. Por este motivo, creemos que los tiempos están maduros para pedir al Gobierno General que establezca, en los modos que se juzguen convenientes, un centro de espiritualidad y pastoral legionaria, que puede concebirse como un núcleo de pensamiento que desarrolle recursos útiles en este ámbito. - Militia Christi. 56. Pensamos que esta es la mejor manera de afrontar diversas inquietudes que nos han llegado al Capítulo. Muchas asambleas nos han pedido que reflexionemos sobre el valor de la militancia en cuanto «militia Christi», por ser un elemento que sentimos nos identifica, pero que, al menos como nombre, es percibido con cierta sospecha en algunos ambientes dentro y fuera de la Iglesia debido a determinadas asociaciones conceptuales. Es evidente que una fundamentación teológica y carismática de este rasgo cristiano se hace necesaria. - Paternidad sacerdotal. 57. Otro tema que suscita interés e ilusión es el desarrollo de la paternidad en nuestra vocación sacerdotal. Es claro que la historia de la Legión lleva consigo una carencia en la paternidad derivada de los abusos de su fundador. Este hecho tiene consecuencias de manera transversal en diversos aspectos de nuestra vida como la relación con los superiores, con los directores espirituales, con las normas o en nuestro papel hacia las otras vocaciones del Regnum Christi. Y más allá de los hechos de nuestra historia, sentimos la necesidad de desarrollar esta paternidad como don de Dios Padre y expresión de nuestro ministerio sacerdotal. 58. Al hablar de identidad, hablamos ante todo de relaciones con las que la construimos. En este caso, por ejemplo, es aprendiendo a ser hijos como podemos llegar a ser padres. Por eso, como apuntaba el número 57 de la Ratio institutionis «Christus vita vestra», una lectura creyente de nuestra historia nos invita a desarrollar nuestra espiritualidad cristocéntrica incorporando más conscientemente una espiritualidad de la paternidad de Dios. Efectivamente, el mensaje que Cristo comunicó a sus apóstoles durante su vida en la tierra está centrado en la revelación del Padre. Este es otro de los grandes temas que requieren una profundización por parte del centro de espiritualidad. 59. En una cultura marcada tan fuertemente por la crisis de la paternidad, que a su vez empaña la imagen de Dios Padre, estamos llamados a hacer presente públicamente una paternidad redimida y sanadora. Un recordatorio continuo de esta verdad es el modo ordinario de tratarnos entre nosotros llamándonos «padre». Esto nos interpela para ser un signo humilde del único Padre del Cielo (cf Mt 23,9). - Aspecto visible y externo de la identidad. 60. Un tercer asunto importante que nos parece percibir en las aportaciones se refiere al aspecto visible y externo de la identidad. Hemos dado el paso de una normatividad minuciosa al desarrollo más consciente del «sensus Legionis»: un sentido de la vida religiosa, de nuestro estilo de vida, basado en grandes principios asimilados por convicción. En la mayoría, esto ha producido frutos de responsabilidad y crecimiento desde dentro, mientras que algunos otros lo han vivido de manera inmadura como ocasión para todo tipo de licencias. A algunos les asusta el ver ciertas expresiones externas de disparidad llamativa y desearían tener muchos aspectos normados como antes, mientras que otros temen que hablar de identidad sea una excusa para volver a la antigua rigidez normativa. 61. Hemos de recordar que los principios que ahora subrayamos están sostenidos por ciertas normas que no deben tacharse de rigidez, sino que han de observarse con amor. 62. La Ratio intitutionis habla de «un aire de familia», es decir, que la identidad legionaria, su fisonomía interior y la comunión espiritual se expresan también en algunas formas externas, en la presentación personal, el estilo de las casas, las fiestas, etc. 63. Creemos que la mejor manera para vivir estos principios de acuerdo con las circunstancias de tiempos y lugares es el proyecto comunitario, que promueve sea el papel del superior, sea la corresponsabilidad de todos los miembros de una comunidad en la custodia y vivencia de la propia identidad. - Tradiciones y costumbres. 64. Un elemento relacionado con este tema son las tradiciones de la Congregación. Los padres capitulares recibimos los resultados del proceso de consulta que sobre este asunto hizo el gobierno general. Consideramos que las tradiciones y costumbres de la Congregación – por su misma naturaleza– no pueden contenerse en un código cerrado, pues forman parte de un proceso vivo. Tememos que un deseo de codificación exhaustiva pueda desvirtuarlas, con el riesgo de ser concebidas por algunos como normas. Además, constatamos que las tradiciones más importantes ya están recogidas en los textos de nuestro derecho propio. Estas son ya suficientemente detalladas para ayudarnos a vivir un espíritu de familia. Las demás tradiciones y costumbres forman parte de la vida de la Legión y se van transmitiendo de forma natural entre los legionarios desde los años de formación. - Vida litúrgica y ars celebrandi. 65. El Capítulo ha recibido un número relativamente alto de aportaciones que reflejan preocupación por la vida litúrgica en la Congregación. Deseamos recordar a todos los legionarios la eficacia intrínseca y el valor pedagógico de la liturgia. En la Legión, vivir la liturgia al paso de la Iglesia, con sobriedad, unción y sentido de lo sagrado, ha sido un rasgo distintivo de nuestra identidad y amor a Cristo. En nuestra Congregación no se adoptan acentos particularistas ni se buscan formas novedosas de celebración, sino que buscamos permanecer fieles al modo de celebrar de la Iglesia, en una expresión sobria y fervorosa que custodie la fe y la haga visible. 66. Quisiéramos invitar a todos los legionarios a renovar su «participación activa, consciente y fervorosa en la liturgia», profundizando personalmente y en comunidad en el valor de la liturgia en nuestras vidas de sacerdotes y apóstoles Al subrayar la importancia del ars celebrandi, la Iglesia pone de relieve el valor de las normas litúrgicas, que no son formalismos externos, sino garantía de la fe celebrada por el pueblo de Dios. Como Capítulo recordamos que cada legionario, en su propio apostolado, es responsable de vivir y celebrar la liturgia con las características propias y la fidelidad al Magisterio que nos distinguen. 67. No es acertado pensar que el descuido de las normas, la banalización de los cantos o la simplificación indebida de la liturgia la harán más accesible o fecunda para el Pueblo de Dios. Por el contrario, la belleza, vivida con sencillez y autenticidad, tiene una fuerza de atracción propia, y lo sagrado, cuando es custodiado con fidelidad, habla profundamente al corazón del hombre sediento de Dios. Además, la vivencia profunda de la celebración litúrgica lleva a esa entrega más completa de sí mismo expresada por san Pablo (cf Rm 12,1) y expresada en nuestras Constituciones de «hacer de la propia vida una perenne liturgia». - La identidad se expresa en el apostolado. 68. La identidad del legionario también se expresa en toda su actividad apostólica. En consecuencia, ciertos rasgos identitarios – como el cristocentrismo– y aspectos esenciales de nuestra misión – como la formación de apóstoles, líderes cristianos o los principios de acción apostólica del Regnum Christi –, deben reflejarse en las diversas iniciativas apostólicas de los legionarios. Este estilo ha de hacerse presente también en las nuevas formas de apostolado, tales como los diversos tipos de retiros, la evangelización digital en redes sociales y otras expresiones emergentes. En este ámbito, un desafío particular de los últimos años ha sido la tensión entre la presentación personal y la identidad institucional o corporativa en el ámbito digital, lo cual exige un discernimiento renovado para expresar con autenticidad, unidad y responsabilidad quiénes somos. - Compendio. 69. Finalmente, de algunos legionarios y asambleas territoriales ha surgido la idea de elaborar un breve e inspirador compendio de lo que caracteriza al legionario cuando se deja transformar por el carisma, elaborado con lenguaje basado en elementos explícitos de los nuevos textos aprobados. Hemos acogido esta sugerencia y proponemos el texto que sigue: Cristo reina en el legionario que: vive como hijo amado del Padre; hace de la Eucaristía el centro de su día; encuentra en Él su modelo de hombre y pastor; irradia la caridad de su Sagrado Corazón; mira a los otros con los ojos de Jesús; refleja su humildad y misericordia; es hermano de sus hermanos; ora y se entrega con militancia; se levanta cuando ha caído; permanece disponible como soldado raso; forma apóstoles, líderes cristianos; camina al paso de la Iglesia; fomenta el espíritu de cuerpo y la comunión; aprovecha el tiempo a la luz de la eternidad; acompaña a María al pie de la Cruz; da la vida para hacer presente su Reino. II. Segunda parte. Renunciando a todo lo que nos estorba. Cuando Cristo ocupa el centro, nos damos cuenta de que hay cosas que debemos dejar atrás. El corredor que quiere llegar a la meta debe sacudirse el lastre. También nosotros estamos llamados al desprendimiento evangélico para avanzar renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia (Hb 12,1). Esto no nos limita, al contrario, potencia nuestra vida, nos permite crecer en libertad de los hijos de Dios, amando y sirviendo sin reservas. En esta sección compartiremos algunas reflexiones sobre la vida fraterna, el voto de pobreza y el ejercicio evangélico de la autoridad y la obediencia a. La vida fraterna en común. Congregavit nos in unum Christi amor. - La vida fraterna en Cristo. 70. Desde que el Capítulo de 2014 trató ampliamente el tema de la vida fraterna en común hemos percibido con mayor claridad que nuestra vida se articula en tres ámbitos profundamente unidos: la vida de oración, la vida comunitaria y la misión. Somos contemplativos y evangelizadores, y se hace cada vez más evidente la importancia de vivir estas dimensiones como hermanos que se interesan unos por otros, que se acogen cuando están cansados, que se salen al encuentro, gozan y sufren juntos, que oran unos por otros y comparten la misión. Pues «vivimos en comunidad en torno a Él, aprendiendo a ser hermanos y haciendo la experiencia cotidiana de una comunión de vida, oración y apostolado, con un solo corazón y una sola alma». - Hermanos en la oración. 71. El legionario vive su comunión con Cristo en la oración personal y comunitaria, pues donde dos o tres están reunidos en mí nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20). Como religiosos, somos ante todo una comunidad reunida por el Señor. En la escucha de la Palabra, en la celebración de la Eucaristía y en la liturgia de las horas, los legionarios aprenden a reconocerse no solo como compañeros de misión, sino como hijos de un mismo Padre y miembros del mismo Cuerpo. Ser hermanos al rezar significa dejarnos reunir por Cristo. - Hermanos en la vida común. 72. Para vivir plenamente nuestra vida fraterna en comunidad, nos inspiramos «en el testimonio de Jesucristo con sus Apóstoles». Cuando Él está en medio de nosotros, renacen la paz y la unidad (cf Jn 20,19). La vida comunitaria es el espacio donde el don de la fraternidad se hace relación concreta. No basta compartir techo o actividades; estamos llamados a compartir la vida. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros (Jn 13,35). Ser hermanos en la comunidad con gestos concretos de servicio, estima y aprecio que encarnen la caridad es hacer visible Su presencia en lo cotidiano. - Hermanos en la misión. 73. Jesucristo nos envía para colaborar con Él en la instauración de su Reino. Por tanto, la misión encomendada es para nosotros una pasión común, fuente de unidad y de auténtica amistad. Cuando la misión se desconecta de la vida fraterna, corre el riesgo de convertirse en activismo o apropiación personal. Si, en cambio, es fruto maduro de una comunidad que ora y se ama, se transforma en testimonio creíble que cautiva. Ser hermanos en la misión es vivir el envío de tal modo que se diga de nosotros: «Mirad cómo se aman». - Unidad en la diversidad. 74. Esta vida fraterna se inserta en un estilo propio, marcado por una intensa actividad apostólica, «en que cada día de fatiga por el Reino es un regalo precioso de Dios que ya no volverá». La diversidad de personalidades, culturas y edades –riqueza propia de nuestra vocación–, junto con los límites de nuestra condición humana, pueden dar lugar a tensiones. A ello se suma el desgaste, el cansancio o la debilidad propios de una entrega generosa y de una conversión siempre en camino, así como los momentos en los que un hermano atraviesa períodos de fragilidad física, psicológica o espiritual que pueden ser motivo de sufrimiento o preocupación para los demás. Lejos de sorprendernos, estas realidades son para el legionario ocasión concreta de crecer en la caridad y madurar en la comunión fraterna. Pues «no se trata de eliminar las diferencias, sino de armonizar la diversidad en beneficio de todos, aceptando las divergencias como una riqueza» incluso cuando estas exijan abrazar la cruz. Cuando Jesucristo es el centro de la comunidad, aprendemos a aceptarnos, a valorarnos y a vivir la caridad como hermanos. De este aprecio mutuo nace nuevamente el deseo y la fuerza de orar juntos, de compartir la vida cotidiana y de desgastarnos por la misión. - Relaciones de fraternidad y amistad. 75. Para armonizar estos tres ámbitos y para crecer en la «caridad universal y delicada» que es el «corazón del espíritu de la Legión», un elemento fundamental es el desarrollo de relaciones de calidad en nuestras comunidades. Dice el libro del Eclesiástico, hablando del amigo, que quien lo encuentra ha encontrado un tesoro (Si 6,14). Además de cultivar la amistad, en la vida fraterna es necesario aprender el arte de amar como hermanos a todos los que Cristo ha puesto a nuestro lado. Allí donde se crean espacios, momentos y foros que favorecen encuentros auténticos en caridad y verdad, crecen la comprensión mutua, la estima y el apoyo fraterno en Jesucristo. No se trata solo de compartir lo que hacemos, sino también lo que vivimos y lo que llevamos dentro: las experiencias profundas del hombre de Dios y del apóstol en misión. En nuestras formas concretas de trato, con sus variaciones culturales y de sensibilidad, procuremos seguir expresando el respeto y la delicadeza propios de la caridad fraterna y de la formación humana del legionario, que en su trato humano «refleja algo de la bondad y belleza de Dios mismo», como dice la Ratio institutionis. En la medida en que conocemos al hermano, comenzamos a comprenderlo; al comprenderlo, aprendemos a quererlo; y al quererlo, deseamos sostenerlo, servirlo y compartir con él la misión. - Confianza mutua y plenitud sacerdotal. 76. Las comunidades testimonian que, cuando existen estas relaciones sólidas y sinceras, aumenta la confianza mutua y se aprende a armonizar mejor la tensión que puede existir entre oración, comunidad y misión. La misión deja de ser «mi» apostolado para convertirse en expresión de «nuestra» entrega a la misión que la Iglesia nos ha confiado. La comunidad deja de percibirse como límite y se experimenta como sostén y lugar de vida y donación. La oración común deja de vivirse como obligación para convertirse en fuente compartida que da fuerzas para la misión. Esta armonía tiene una repercusión positiva en nuestra salud espiritual, mental e incluso física, tan necesarias para crecer en el bienestar humano, la plenitud vocacional y la fecundidad apostólica. Una comunidad así es un corazón que late al unísono y sale al encuentro del hermano que, por una razón u otra, se encuentra postrado y necesitado de ayuda al borde del camino (cf Lc 10,30-37). Si en nuestro corazón arde el deseo de cultivar nuevas vocaciones, tengamos también la conciencia de que el hermano de comunidad es la primera vocación que estamos llamados a cuidar. - Proyecto comunitario. 77. Para consolidar este equilibrio contamos con un instrumento privilegiado: el proyecto comunitario. Allí donde se vive con dedicación y corresponsabilidad, genera paz, claridad y cohesión. En él, la comunidad, bajo la guía del superior, llega a acuerdos, entre otras cosas, sobre cómo y cuándo vivir la oración común; el testimonio comunitario de pobreza que se quiere dar; qué momentos fraternos se desean privilegiar; cómo organizar el descanso semanal y los tiempos de recreación; de qué modo asumir la misión apostólica como responsabilidad compartida, etc. En el proyecto comunitario pueden surgir expresiones apostólicas que unen a toda la comunidad: hospitalidad en la casa, presencia junto a los más necesitados, acogida a jóvenes en proceso vocacional, etc. La mayoría de las comunidades ya cuentan con su propio proyecto comunitario. Sin embargo, es indispensable que se elabore, evalúe y actualice entre todos, dejando tiempo suficiente para lograr un discernimiento comunitario profundo. - Formación continua para comunidades de apostolado. 78. Para que el proyecto comunitario y la vida fraterna en común puedan desplegar todo su potencial y podamos llegar a ser «expertos en comunión», nos parece necesaria una formación continua específica. Superiores y súbditos están llamados a asumir y construir juntos sus comunidades. De modo particular, el servicio de la autoridad requiere acompañamiento y formación adecuada para afrontar situaciones complejas con respeto, flexibilidad y acierto. El superior está llamado a ser «hombre de Dios, maestro, padre, amigo y hermano», capaz de sostener la comunión sin rigideces, pero sin abdicar de su responsabilidad de dirigir la comunidad. Ha de fomentar «la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el discernimiento comunitario». Ese liderazgo evangélico, que todos estamos llamados a cultivar, fomenta la subsidiariedad y la corresponsabilidad. - El don de la corrección fraterna. 79. El crecimiento en la fraternidad exige el arte de afrontar con caridad y verdad conversaciones necesarias, a veces incómodas: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas (Mt 18,15). La corrección fraterna evangélica es un auténtico don. El perdón y la reconciliación, la escucha mutua y la misericordia cotidiana son pilares de una comunidad madura. La experiencia demuestra que cuando existen relaciones fraternas profundas y sinceras, la corrección surge de manera natural. No hay vida fraterna auténtica sin paciencia, ni paciencia sin amor concreto (cf. 1 Co 13,4). Y paciencia no significa esperar pasivamente a que el hermano cambie, sino reconocer «que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba». Se trata de cultivar la paciencia, la empatía y la caridad que Cristo tiene con cada uno de nosotros. - El descanso comunitario. 80. Finalmente no podemos olvidar el valor del descanso personal y comunitario, tan importante para el bienestar sacerdotal y la perseverancia de los legionarios. El Señor dijo a sus apóstoles: Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco (Mc 6,31). El descanso compartido, vivido con sencillez y alegría, fortalece los vínculos, previene el desgaste, renueva fuerzas y permite que nuestra fraternidad sea testimonio vivo del Evangelio. Un descanso sano nos permite afrontar la realidad y la misión con mayor serenidad, paciencia en las diferencias y renovada disponibilidad para el servicio y la misión. Cuando cuidamos nuestro descanso y el de nuestros hermanos podemos evangelizar con mayor plenitud y convicción. Además, si se vive sanamente, este da gloria a Dios (cf Is 58,13). Es importante que, en el descanso aprendamos a armonizar su dimensión personal y comunitaria. - La vida fraterna como don para la Iglesia. 81. Para que nuestra entrega sea fecunda y creíble, estamos llamados a redescubrir, como los apóstoles, que la misión se recibe como comunidad de discípulos reunidos en torno a Cristo. El esfuerzo por vivir la vida fraterna es en sí un don que santifica a toda la Legión y un signo profético de comunión para la Iglesia que genera atracción. Del encuentro con Cristo nace la fraternidad y de ahí brota nuestra misión de «buscar que Cristo reine en el corazón de los hombres y en la sociedad». b. Vida pobre. - Frutos de la pobreza. 82. Nuestras Constituciones invitan a cada legionario a vivir sin reservas el voto de pobreza y gozar de los muchos frutos que produce para nosotros y para aquellos a quienes servimos: «Amen la pobreza, que mantiene el alma abierta hacia Dios y hacia los hombres; crea un clima espiritual propicio a la docilidad interior, a la oración, al diálogo y a la colaboración; alimenta la esperanza; engendra la justicia y la misericordia; aumenta el amor y dona serenidad y alegría». - Un aspecto que requiere renovación. 83. El Capítulo ha recibido muchas reflexiones de las asambleas territoriales y de legionarios individuales sobre este asunto. También en la encuesta diagnóstica sobre la vida religiosa hecha por el gobierno general resultó un tema relevante. Es patente una preocupación más o menos generalizada de que, en este campo, no hemos progresado a la par de lo que se ha avanzado en otros aspectos de nuestra renovación. - Un horizonte que inspira e interpela. 84. Los padres capitulares comparten la convicción de que las enseñanzas que ofrece nuestro derecho propio a este propósito nos ofrecen un horizonte inspirador que nos interpela a acoger como legionarios, con fidelidad creciente, la gracia de Cristo el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8,9). - Una oportunidad de crecer. 85. Las preocupaciones que han llegado al Capítulo General hacen patente la oportunidad que se nos presenta a todos para crecer en la comprensión y asimilación de la belleza de este voto, en sus exigencias concretas de nuestra vida como apóstoles y en comunidad, para dar gloria a Dios edificando el Reino de Cristo en nuestro corazón y en el de nuestros hermanos los hombres. - Autoevaluación creativa. 86. Por eso, más que repetir lo que ya se expresa en nuestro derecho propio, el Capítulo desea invitar a los legionarios, tanto individualmente, como en comunidades y territorios, a emprender una autoevaluación creativa, no solamente para valorar cómo hemos vivido la pobreza en los años recientes, sino también para discernir con interés nuevos caminos para florecer en el seguimiento de Cristo pobre, abiertos a las novedades del Espíritu Santo. - Avivar el don de Dios. 87. A este respecto, son iluminadoras las palabras del Apóstol Pablo a Timoteo: Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti (2 Tm 1,6). Este verbo –como nos enseña el papa León XIV – evoca la imagen de la brasa bajo las cenizas y, aplicado a nuestro voto de pobreza, nos recuerda que debemos soplar sobre ese fuego interior para que la intuición primera de nuestra consagración se mantenga viva y ardiente. Solo así podremos configurarnos con quien se hizo pobre para enriquecernos (2 Co 8, 9). Redescubramos la riqueza de la libertad interior, de la disponibilidad hacia Dios y los demás, dejémonos cuidar por su Providencia y experimentemos el gozo de vivir con el estilo sencillo de Cristo. - Abrazar con entusiasmo la pobreza. 88. Si en los próximos seis años cada territorio, cada comunidad y cada legionario abraza con nuevo entusiasmo este voto y lo vive con mayor coherencia y radicalidad evangélica, confiamos que crecerá nuestra libertad interior y una disponibilidad más plena para el servicio, de modo que la Legión y las personas a las que servimos puedan beneficiarse del testimonio profético de quien vive con austeridad, libre de ataduras materiales en este mundo. - Examen personal, comunitario y territorial. 89. Este Capítulo General desea presentar algunos elementos de crecimiento que están al alcance de todos si lo deseamos. Se presentan como ayuda para la autoevaluación propuesta, sin pretender ser exhaustivos. • Recordamos a todos que la pobreza es ante todo una decisión personal, que nadie puede delegar, y que cada uno está llamado a asumir con convicción y libertad el compromiso de vivir pobre por amor a Cristo, como parte del don de seguirle personalmente, si bien la comunidad ayude y acompañe en este proceso. • La elaboración y la revisión periódica del proyecto comunitario es una oportunidad privilegiada para discernir juntos cómo vivir fielmente y dar testimonio comunitario de la pobreza profesada por voto. • Exhortamos a los directores territoriales y superiores locales a establecer los mecanismos que faciliten la vivencia transparente de la bolsa común en nuestras comunidades. • Consideramos que una buena práctica para individuos y comunidades es el contacto con situaciones de pobreza real, adaptadas a la realidad y posibilidades de cada uno. Hemos comprobado que esto ha supuesto una ayuda significativa para muchos de nuestros hermanos. • La práctica de rendir cuentas al superior es una prescripción de nuestras Constituciones que fomenta el correcto discernimiento en el uso del dinero. La exigencia de la rendición de cuentas se extiende también al dinero del apostolado en la manera establecida en cada territorio. • Valoramos muy positivamente la iniciativa de algunas comunidades para vivir lo que prescriben las Constituciones en el número 22 § 3, las cuales, mediante el presupuesto comunitario o la recaudación de donativos, destinan recursos para ofrecer becas a nuestros colegios Mano Amiga u otras obras que sirven a los más necesitados. • Para fomentar la corresponsabilidad en la vivencia de este voto, recordamos a los superiores locales la buena práctica de compartir periódicamente el presupuesto, así como los informes de ingresos y gastos a su comunidad. Lo mismo puede decirse a la situación financiera de cada territorio. • Exhortamos a los directores territoriales y a los superiores de comunidad que cada legionario tenga la certeza de que sus necesidades personales de manutención, vestido y salud están cubiertas por la Congregación. Algunos testimonios recibidos muestran que esto no es percibido así en todos los lugares. Es comprensible que una sensación de inseguridad en este campo pueda propiciar en algunos el planteamiento de una economía personal al margen de los procedimientos establecidos, en contradicción con nuestras Constituciones, para asegurarse el tener cubiertas estas necesidades. • Desde el Capítulo exhortamos a los gobiernos general, territoriales y locales, así como a cada legionario, a discernir sobre la necesidad o conveniencia de realizar gastos institucionales o personales que contradigan, o puedan percibirse como incoherentes con la pobreza religiosa profesada por voto. • Invitamos a los gobiernos general y territoriales a proponer en los diversos países algunos principios rectores más concretos de los que ofrece el derecho propio para vivir una pobreza adecuada a la situación de cada lugar y adaptada a las nuevas circunstancias. A modo de ejemplo, que las vacaciones no tengan apariencia de lujo, que los donativos ordinariamente se soliciten para la comunidad o apostolados, y no para un uso personal, etc. • Por último, invitamos a todos los legionarios a valorar su uso del tiempo. Existe una cierta preocupación por tiempo excesivo que algunos dedican al entretenimiento, en ocasiones yendo más allá del necesario y legítimo descanso, en particular el uso sin discernimiento del así llamado «descanso digital», que en algunos casos puede impactar negativamente en la vivencia del voto de castidad. Conviene, además, recordar que el aprovechamiento del tiempo no consiste principalmente en hacer más apostolado o estar ocupados, sino en aprender a alcanzar la unidad de vida (p.ej., crecer en nuestra vida interior, formación intelectual, descanso personal y en comunidad). c. La vivencia evangélica de la autoridad y la obediencia. 90. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor (Mt 20,26). En Cristo, el ejercicio de la autoridad y la vivencia de la obediencia encuentran su modelo y su sentido más profundo: son caminos concretos de configuración con Él, que no ha venido a ser servido, sino a servir (Mt 20,28). El santo padre León XIV nos recordó en la audiencia que la autoridad en la vida religiosa «está al servicio de la animación de la vida común, centrándola en Cristo y orientándola hacia la plenitud de la vida en Él». Estas palabras resuenan con fuerza en nosotros. Estamos llamados a vivir la autoridad y la obediencia no como realidades opuestas, sino como dos dimensiones del mismo misterio de amor y servicio. 91. Agradecemos a Dios el camino de renovación emprendido desde 2010, en el que la Iglesia evidenció de manera específica «la necesidad de revisar el ejercicio de la autoridad, que debe estar unida a la verdad, para respetar la conciencia y ejercerse a la luz del Evangelio como auténtico servicio eclesial». Este proceso ha dado ya frutos importantes, entre los que destacan nuestras Constituciones aprobadas en 2014, las estructuras de gobierno renovadas, y la mejor armonización de la vida religiosa con la práctica actual de la Iglesia. 92. Los padres capitulares hemos acogido y escuchado con atención las inquietudes y propuestas expresadas por las asambleas territoriales sobre la vivencia de la autoridad y la obediencia. No podemos ignorar que seguimos viviendo un período de transición, pasando de un modelo de vida religiosa con abundantes y detalladas normas a otro en que el acento se pone más en el discernimiento y la responsabilidad personal. Toda transición profunda puede generar confusión e incertidumbre sobre el camino que se está recorriendo. Queremos afrontar estos temas buscando dar respuestas a preguntas como: ¿Qué significa obedecer bien, al estilo de Cristo, hoy? ¿Cómo puede el superior gobernar? ¿Dónde está la línea entre el ejercicio legítimo de la autoridad, su mal uso y el abuso? ¿Cómo hermanar la libertad y la obediencia en la vida cotidiana y evitar excesos? 93. Dada su relevancia, nos ha parecido oportuno responder a estas preguntas a partir del Evangelio y el Magisterio de la Iglesia en un comunicado específico, que parte de la contemplación de Cristo, modelo de toda autoridad y obediencia. 94. Este es un documento importante para toda la Congregación Invitamos a cada legionario a leerlo con atención, a llevarlo a la oración y al diálogo comunitario y personal con el propio superior. No es un texto jurídico, sino una reflexión espiritual que busca iluminar la vida concreta de nuestras comunidades. 95. A los superiores les agradecemos su dedicación generosa y los exhortamos a vivir su servicio con la seguridad del que sabe que sirve a Dios y con la ternura del que custodia a sus hermanos. A los miembros de las comunidades los invitamos a una obediencia sobrenatural, activa y madura, que integra el discernimiento personal y comunitario de la voluntad de Dios y la oblación de sí mismos en la obediencia para más identificarse con Cristo y recorrer con alegría el camino de la santidad. III. Tercera parte Corramos con perseverancia. Fijos los ojos en Cristo, con el corazón desprendido, ahora nos toca correr una carrera muy personal hacia la santidad, con la claridad de quienes saben hacia dónde van y por qué: Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón (Sal 119,32). Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca (Hb 12,1): Cristo nos llama, nos forma y nos envía. Y nosotros, como legionarios, tenemos un modo propio de participar en su misión: formar apóstoles, líderes cristianos al servicio de la Iglesia. En primer lugar, se atenderá la promoción vocacional en el contexto actual; luego la formación inicial de los legionarios mismos; después la misión y finalmente la relación de la Legión con la Federación Regnum Christi y sus componentes. a. Una renovada visión vocacional. - La llamada de Jesús resuena hoy. 96. Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres (Mt 4,19). Esta llamada de Jesús sigue resonando hoy. Y aunque la cultura actual exalte la autonomía individual, los jóvenes siguen sedientos de trascendencia, de un «más» que colme el corazón. El concepto «vocación» –a menudo reducido en la cultura secularizada a una simple elección funcional– debe ser anunciado como lo que realmente es: un designio personal de amor de Dios para cada persona concreta. Tenemos la certeza de que, aun en contextos cambiantes, el Dueño de la mies sigue llamando. Por eso el Señor nos invita a ser colaboradores audaces, preparando con Él un terreno más dispuesto para la gracia. - Respuesta pastoral a un contexto cambiante. 97. El Capítulo reconoce que el contexto sociocultural ha cambiado: los procesos de discernimiento son más complejos, los jóvenes enfrentan dificultades para comprometerse y tomar opciones definitivas, la fe en las familias ha disminuido y la cultura que antes sostenía una visión cristiana del mundo se ha difuminado por la secularización. Pero esta situación no puede paralizar a los discípulos de Cristo. Más bien nos anima a dar un salto de calidad en enfoque y visión: queremos pasar de una «pastoral de la emergencia» a una expresión estable de la maternidad de la Iglesia; de una promoción centrada en ciertos perfiles, a una propuesta amplia dirigida a todos; de la lógica del reclutamiento a un acompañamiento respetuoso, que ayude a cada persona a discernir su propia verdad ante Dios; de iniciativas aisladas a una acción coral sostenida por toda la comunidad eclesial. Y, sobre todo, queremos pasar del cansancio a un renovado impulso creativo, humilde y valiente, que asume los errores del pasado y confía en la potencia siempre nueva del Espíritu. - Custodiar y reavivar el fuego recibido. 98. La pastoral vocacional que queremos proponer no consiste principalmente en métodos nuevos, sino en custodiar y reavivar el fuego recibido como don de Dios. Si el corazón arde por Cristo, la esperanza se vuelve contagiosa y la proclamación vocacional recobra su frescura. Invitamos a los legionarios a renovar su disponibilidad interior para colaborar con el Señor para ser pregoneros de la llamada de Dios, formar en la escucha y el discernimiento, acompañar a los jóvenes hacia el desarrollo pleno de su vocación bautismal, conocer y promover las iniciativas vocacionales de sus territorios, y abrir sus comunidades a los jóvenes que tienen la inquietud de conocer nuestro estilo de vida. Confiamos en que el nuevo sexenio se distinga por un anuncio vocacional renovado. - Documento de profundización. 99. Al final de este Comunicado ofrecemos un documento completo sobre la promoción vocacional. Es un texto que profundiza en cada uno de estos aspectos, que ofrece criterios, ambientes, agentes, medios e itinerarios concretos, y que traza un camino claro para el sexenio. b. La formación inicial. 100. A la luz de los informes del director general y de los directores territoriales, los padres capitulares hemos evaluado el estado global de la formación inicial. Si bien no ha sido uno de temas centrales de nuestros trabajos, queremos compartir nuestra lectura de la situación actual. - Los frutos. 101. Constatamos, en primer lugar, los buenos frutos de la labor formativa en este sexenio. Agradecemos al Dueño de la mies las nuevas generaciones de legionarios que viven un encuentro auténtico con el Señor, el deseo de santidad, un gran sentido de fraternidad, el deseo de relaciones profundas con los demás, un gran amor por la Legión y la aspiración de contribuir a la misión del Regnum Christi. Estos hermanos nuestros que conocieron la historia de nuestro fundador antes de entrar o en sus primeros años de formación, tienen una visión humilde, realista y a la vez entusiasta de nuestra Congregación, así como conciencia viva de sus propios límites y debilidades. - Nuestra experiencia en Roma. 102. Por eso, al escuchar los padres capitulares las inquietudes que sobre la formación inicial algunos han expresado, queremos decir con alegría y confianza que hemos constatado que dicha formación es sólida y bien orientada y que tiene detrás un esfuerzo muy serio por estructurar algunos procesos. Todavía hay algunos aspectos por mejorar, como pueden ser el desarrollo de competencias propias de la misión específica en el Regnum Christi, madurez emocional, etc. Pero somos testigos de que los religiosos en Roma son una gran esperanza para el futuro. - Los retos de la renovación. 103. Al inicio de nuestro proceso de renovación, no contábamos con una Ratio institutionis, lo cual inevitablemente causó por un tiempo cierta desorientación. Constatamos con gratitud que esta confusión ya se ha superado y hoy contamos con programas formativos basados en estos documentos. Ahora el esfuerzo principal consiste en aplicarlos con constancia y creatividad e ir valorando los resultados formativos por medio de los instrumentos desarrollados a este efecto. 104. En efecto, la formación inicial de los legionarios ha evolucionado profundamente en los últimos veinte años. Ha sido un período de búsqueda, a partir de nuestra experiencia formativa en la Congregación y la necesidad de adecuarla a los desafíos actuales. Hemos experimentado que estos ajustes son buenos, pero el proceso no ha estado exento de titubeos, aprendizajes y algunos errores. 105. En continuidad con el proceso iniciado bajo la guía del delegado pontificio, hemos adoptado una pedagogía que privilegia más los principios y ofrece la suficiente flexibilidad para personalizar los procesos formativos y adecuarlos a las realidades de tiempos y lugares. - Comunicación del proceso de actualización. 106. El esfuerzo intencional y sostenido de actualizar la formación a la luz del proceso de renovación y según las directrices de la Iglesia, particularmente del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y del Dicasterio para la Educación Católica, no siempre ha sido bien comunicado a la Congregación. Quizás este factor ha contribuido a la difusión de percepciones que no hacen justicia al trabajo que se está realizando y los frutos que se están teniendo. - Cambios y progresos de los últimos años. 107. La Ratio institutionis «Christus vita vestra», publicada en 2017, y la Ratio studiorum «Sapientia Christi», ambas promulgadas por el Capítulo General de 2020, han dado el marco de referencia de este delicado proceso de formación. En el sexenio que concluye se han elaborado algunos instrumentos aplicativos y de evaluación, como los perfiles de egreso, los objetivos y proyectos formativos de cada etapa, entre otros. También se han producido instrumentos de autoevaluación de los religiosos y de verificación por parte de los formadores. En 2025 se publicó un marco general que permite coordinar mejor los objetivos, programas y medios entre etapas. En parte esto se ha logrado gracias a las reuniones anuales entre instructores de novicios y superiores de las casas de formación, que han fortalecido la unidad del itinerario formativo. Se ha hecho un esfuerzo consciente por asignar a las casas de formación a sacerdotes con las cualidades, competencias y preparación necesarias para esta delicada labor. - Formación inicial con vistas a la misión. 108. La misión del legionario le exige una preparación intelectual y cultural sólida y profunda, para poder evangelizar la cultura y el pensamiento. El director general en su informe mencionó que se percibía en algunos un cierto desinterés por esta sólida y alta formación intelectual. Por eso, invitamos a todos los legionarios a capacitarse para dar razón de su fe (cf 1 P 3,15) dialogar con el mundo y proponer la racionalidad y coherencia del mensaje cristiano. De ahí que la formación intelectual del legionario no es mero intelectualismo, sino que está «orientada a comunicar a Cristo y su mensaje». En la medida de lo posible, esta formación se ha de acompañar de la obtención de grados académicos. - Etapas previas a las prácticas apostólicas. 109. La articulación y duración de las etapas previas a las prácticas apostólicas (humanidades y filosofía) siguen generando preguntas. El Capítulo ha recibido diversas propuestas para resolver los problemas señalados, pero no ha contado con elementos suficientes para tomar una decisión responsable sobre un cambio a la práctica actual. Es una tarea iniciada en el pasado y que habrá de continuar en el próximo. - Evaluación sistemática. 110. Recomendamos al nuevo gobierno que realice una evaluación sistemática de los objetivos actuales en cada área y etapa de nuestra formación. - Escuela de formadores legionarios 111. Igualmente, recomendamos al director general que procure desarrollar una escuela de formadores legionarios que permita capacitarlos de acuerdo con el carisma y misión propios. - Agradecimiento a los formadores y a los hermanos en formación inicial. 112. Queremos agradecer de manera especial a los legionarios que han colaborado en la formación inicial de sus hermanos más jóvenes. A ellos se les ha confiado la tarea más delicada, quizá hoy más que ayer. Ellos la han llevado adelante con amor y abnegación, buscando implementar con fidelidad y creatividad las indicaciones de los capítulos generales y lo previsto en la Ratio institutionis y en la Ratio studiorum. - Papel de los formadores. 113. Los formadores, de un modo eminente, «hacen presente el misterio de Cristo que reúne en torno a sí a los apóstoles, les revela el amor de su corazón, los forma y los envía». Invitamos a todos a valorar esta delicada misión, a descubrirla como una vocación personal y a aceptar con generosidad la llamada del Señor por la obediencia a este fecundo ministerio. - Una palabra a nuestros hermanos. 114. Dirigimos una palabra a nuestros hermanos que han vivido la formación inicial durante estos años. Queremos reconocer su perseverancia, su apertura y su deseo de responder a la llamada de Cristo con fidelidad. La Legión los mira con gran esperanza. A ellos y a los legionarios que vendrán, les reiteramos el compromiso de seguir caminando con ellos aprendiendo juntos a ser discípulos y apóstoles de Cristo para servir a la Iglesia. c. La Legión de Cristo en la Federación Regnum Christi. 115. Fijar los ojos en Jesús no es un ejercicio solitario. Cristo nos congrega, nos hace familia, nos envía juntos. Y para nosotros, legionarios de Cristo, esa familia tiene un nombre: el Regnum Christi. Pertenecemos constitutivamente a esta familia espiritual y cuerpo apostólico, y es desde ahí, en comunión con las consagradas, los laicos consagrados y los miembros asociados, donde vivimos nuestra vocación y cumplimos nuestra misión y servicio a la Iglesia. 116. El camino de estos seis años en la Federación Regnum Christi ha sido intenso. La aprobación de sus Estatutos y la puesta en marcha de las Obras Comunes han conllevado cambios significativos en el gobierno de nuestra actividad apostólica y en la autocomprensión de la Congregación. Han sido años de aprendizaje, de frutos reales, pero también de dificultades que no podemos ignorar. Las asambleas territoriales han expresado con honestidad tanto las bondades como los desafíos: desafección de algunos legionarios, sensación de ser frenados, la falta del debido acompañamiento y de claridad sobre quién gobierna el apostolado, conflictos en nombramientos, etc. Y con igual honestidad reconocemos dificultades que tienen su origen en nosotros mismos: insuficiente conocimiento de los Estatutos, dificultad para integrarnos en las dinámicas de un gobierno colegial, poco espíritu de trabajo de equipo, comunicación a veces deficiente. 117. El Capítulo ha dedicado tiempo a diagnosticar la situación con realismo y caridad. Hemos identificado causas de fondo: visiones distintas sobre el modo de articular el carisma común y la identidad propia de cada vocación, tensiones no siempre asumidas o resueltas entre autonomía y unidad, desconfianzas mutuas que necesitan ser sanadas. A la vez, hemos reconocido con gratitud los frutos de comunión, corresponsabilidad y madurez que se han dado en estos años. El santo padre nos recordó que «la diversidad de formas no debilita la unidad, sino que la enriquece». Y nos invitó a «tener la capacidad de armonizar la diversidad en beneficio de todos, aceptando las divergencias como una riqueza y discerniendo juntos los caminos que el Señor nos propone». 118. Creemos en el Regnum Christi como don del Espíritu Santo a la Iglesia. La Federación no es un fin en sí mismo, sino un instrumento jurídico al servicio de la comunión misionera de diversas vocaciones nacidas de un mismo carisma. Por eso, las dificultades no nos desalientan; nos invitan a madurar. Necesitamos afirmar con igual vigor tanto la autonomía de cada institución federada –condición necesaria para una comunión auténtica– como el espíritu de comunión que exige escucha, diálogo, confianza mutua y respeto a los ámbitos de responsabilidad de cada uno. Solo cuando esta sana tensión se asume serenamente, el carisma común puede desplegarse en toda su fecundidad. 119. Al final de este Comunicado ofrecemos un documento más amplio sobre nuestra identidad y misión en la Federación Regnum Christi. Es un texto importante, fruto de un discernimiento profundo y honesto. Aborda con claridad los desafíos actuales, propone líneas de acción concretas y traza un camino de renovación que involucra a toda la Congregación y a los diversos niveles de gobierno. Invitamos a todos a leerlo con apertura y a asumir con responsabilidad las líneas de acción que se proponen. Creemos que, rectamente comprendida y fielmente implementada, la Federación sigue siendo un instrumento válido para vivir e impulsar la comunión en la misión. d. La misión: Caritas Christi urget nos. - Caritas Christi urget nos. 120. Nos apremia el amor de Cristo (2 Co 5,14). Esta urgencia apostólica de san Pablo configura también nuestra vocación, pues el legionario se deja penetrar por el amor de Cristo hacia la humanidad y por eso busca que Él reine en el corazón de los hombres. Así, la caridad de Cristo orienta nuestra vida, con corazón indiviso, hacia la misión. - Apóstoles en un cambio de época. 121. Vivimos esta llamada en un contexto de transformaciones profundas: nuevos lenguajes culturales, tecnologías inéditas –como la inteligencia artificial– cuyo impacto social apenas alcanzamos a vislumbrar, modos de relación que influyen en la comprensión de la verdad y de la libertad. Al mismo tiempo, crece entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo el deseo de interioridad, de vínculos auténticos, de sentido. Igual que Pablo en el Areópago (cf Hch 17,22- 28), cada legionario está llamado a leer estos signos de los tiempos con mirada creyente, reconociendo en ellos los interrogantes que solo Cristo puede colmar. - Un horizonte unificador. 122. El Capítulo ha discernido la oportunidad de dar un paso hacia un mayor enfoque apostólico. No se trata de añadir prioridades nuevas, sino de expresar con mayor claridad y sencillez aquello que ya es nuestro: vivir lo más propio de nuestro carisma con unidad y dirección independientemente de la tarea concreta que se nos ha confiado en el cuerpo de la Legión y el Regnum Christi. Nuestra misión sigue siendo «formar apóstoles, líderes cristianos al servicio de la Iglesia», poniendo especial atención en el acompañamiento personal. Este es nuestro horizonte unificador, el criterio desde el cual evaluar nuestras obras y actividad: ¿formamos apóstoles? ¿Favorecemos un acompañamiento real que conduzca al encuentro con Cristo y a la misión para mejor servir a la Iglesia y a nuestros hermanos los hombres? - Un documento de profundización sobre la misión. 123. Al final de este Comunicado ofrecemos un documento más extenso sobre la misión del Legionario en el contexto actual. Es un texto que ofrece criterios claros de discernimiento y que propone modos concretos de vivir la misión con audacia y fidelidad creativa. Invitamos a cada legionario a estudiarlo con cuidado, a llevarlo a la oración y al diálogo comunitario, y a dejarse interpelar por las llamadas que contiene. Debemos recordar que la misión no se improvisa: se discierne, se prepara en la oración, en la formación personal, se persigue con sana tenacidad, y se vive desde el Corazón de Cristo. IV. Cuarta parte Soportó la cruz y está a la derecha del Padre. El mismo Cristo que nos impulsa a correr es quien nos enseña el camino, pues Él, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y está sentado a la derecha del trono de Dios (Hb 12, 2). La cruz conduce a la derecha del Padre. Nuestra memoria, asumida con fe, no puede ser entendida como un obstáculo sino como un camino pascual. Por eso podemos contemplarla con realismo y esperanza, aprendiendo de nuestros errores, abriéndonos a las novedades de Dios y renovando nuestro compromiso de colaborar con Cristo para que venga a nosotros su Reino. a. Esbozo de una lectura bíblica de nuestra historia. 124. Durante el Capítulo General hemos recordado lo que escribía el P. John Connor el 15 de septiembre de 2025: «Tenemos una historia que contar […], que resuena con las personas a quienes queremos evangelizar, una historia de heridas y sanación, de pecado y arrepentimiento, de perdón y misericordia. El mundo necesita nuestro testimonio, no a pesar de nuestra historia, sino precisamente a través de ella, transfigurada por la gracia». 125. De diversas maneras nos hemos acercado a la historia con ojos de fe. No ha buscado ser un ejercicio nostálgico ni una simple rendición de cuentas, sino el esfuerzo por descubrir el mensaje que Dios ha escrito en ella. Nuestra historia contiene luces y sombras, frutos abundantes y heridas profundas, entrega generosa y dolor real. Como el pueblo de Israel en el desierto, también nosotros hemos aprendido que solo haciendo memoria podemos saber quiénes somos y hacia dónde nos llama el Señor. 126. La Escritura nos ofrece dos palabras que parecen contradictorias, pero que, como mucho en la vida cristiana, entran en una tensión fecunda y necesaria. Por un lado, Moisés nos dice: Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas, pregunta a tu padre y te lo contará (Dt 32,7). No podemos caminar hacia el futuro desligados del pasado. Por otro lado, el profeta Isaías proclama: No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo (Is 43,18-19). Creemos que entre estas dos llamadas se sitúa el camino de nuestra familia espiritual: recordar sin quedar paralizados, mirar hacia adelante sin olvidar. 127. Al ser la mirada de nuestra historia algo central, en donde brilla sobre todo la acción de Dios, ofrecemos un comunicado temático que no pretende ser una palabra definitiva sobre nuestra historia, sino principalmente una herramienta –entre muchas posibles– que puede sernos de ayuda para acercarnos a ella con una visión de fe. Es un esbozo y no un tratado exhaustivo, que propone y desarrolla cuatro verbos que pueden guiar nuestra relación con el pasado: conocer, comprender, vivir y comunicar. 128. Creemos que esta aproximación a un marco teológico –que también hace una serie de recomendaciones a nuestros superiores– puede iluminar el trabajo de quienes investigan nuestra historia con rigor científico. También aspira a ser una clave interpretativa que impulse a cada legionario que busca comprender su identidad y misión a la luz de lo vivido en nuestra Congregación. No tememos la verdad: la buscamos con honestidad, sabiendo que solo la verdad hace libres (cf Jn 8,32). 129. Invitamos a cada legionario a leer este documento con calma y a dejarse interpelar por la Palabra de Dios que resuena en estas páginas. Que el Espíritu Santo nos ayude a integrar nuestra historia con lucidez y esperanza, reconociendo en ella la fidelidad de Dios que hace nuevas todas las cosas (cf Ap 21,5). b. Consideraciones sobre la reconciliación. 130. Durante el Capítulo hemos dedicado tiempo a reflexionar en pequeños grupos sobre la reconciliación, sintiéndonos interpelados por las palabras del Señor en el discurso de la Montaña: Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda (Mt 5,23-24). También en la oración del padrenuestro, Jesús nos pide que seamos capaces de perdonarnos unos a otros pues, sin esta disposición interior, nuestro corazón no puede recibir la misericordia del Padre hacia las propias faltas (cf Mt 6,12). Todo ello nos ha llevado a la convicción de que queremos ser hombres de reconciliación 131. Reconocemos que es parte de nuestra espiritualidad cristocéntrica salir al encuentro de aquellos a quienes hayamos herido consciente o inconscientemente Dios Padre, rechazado muchas veces por el hombre, fue quien tomó la iniciativa de venir a nosotros enviándonos a su Hijo (cf. Mt 12,6). Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron (Jn 1,11): a Cristo tampoco le desalentaron nuestros rechazos para encarnarse y mantener siempre su mano tendida a todos. Por tanto, también nosotros tenemos el deber de hacer lo mismo con militancia, es decir, tomando la iniciativa. 132. Hemos llegado a la conclusión, después de dialogar sobre este punto, que la reconciliación no se logra mediante gestos institucionales ostentosos que pudiéramos hacer como Capítulo, pues en los roces de la vida diaria estos pierden su significado. Es precisa una decisión personal de cada uno de los legionarios de salir al encuentro de los que tenemos más cerca, de buscar a aquellos que se hayan sentido heridos por causa suya, se haya o no tenido la intención de hacerlo. Pensamos especialmente en otros hermanos legionarios, en las consagradas y laicos consagrados del Regnum Christi, incluidos quienes ya no están con nosotros. En una familia se da el hecho de que a quienes herimos con más frecuencia son precisamente las personas que más queremos. Así ha sucedido entre nosotros. 133. Recordemos, en definitiva, que el legionario está llamado a ser un constructor de puentes, e invitamos a considerar que este elemento es un rasgo de nuestro carisma, es decir, del don de Dios para nosotros: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). El legionario quiere hacer suya esta bienaventuranza, pues, movido por el Espíritu Santo, se esfuerza por vivir la comunión con sus hermanos y prolonga esta experiencia de comunión al hacerse constructor de paz y unidad a su alrededor». Señor Jesús, Tú que en la cruz reuniste en tu cuerpo a los hijos dispersos, enséñanos a no huir de nuestras heridas y a ofrecerlas contigo al Padre. Haz de nosotros instrumentos de reconciliación en tu Iglesia, artesanos de comunión al servicio de la misión, testigos creíbles de tu amor que salva. Que de tus llagas brote para nosotros la verdad que libera, la comunión que edifica y la esperanza que evangeliza. Cristo Rey nuestro, ¡venga tu Reino! c. Actualización de «Proteger y sanar». 134. El Capítulo General reitera la convicción de la Legión de Cristo que la protección de los menores y de las personas vulnerables, la acogida de quienes han sufrido abusos, y la garantía de procesos justos para todos los implicados no son tareas que se concluyen, sino compromisos que exigen atención y mejoras constantes. 135. En estos seis años transcurridos desde la promulgación de «Proteger y sanar», constatamos que hemos aprendido mucho. Hemos visto arraigarse y crecer una cultura de la tutela en nuestras comunidades e instituciones. Constatamos mejoras en nuestros protocolos de prevención y atención a víctimas. Se han presentado informes anuales sobre el alcance de este fenómeno en la Congregación. Hemos contado con la colaboración generosa de personas expertas e independientes, y dado pasos reales –aunque nunca suficientes– en el acompañamiento de quienes han sufrido abusos por parte de miembros de la Congregación. 136. A todos cuantos han hecho posible estos avances –legionarios, colaboradores, expertos externos, miembros del Regnum Christi y de modo especial, víctimas de abusos y hermanos nuestros que han vivido estos procesos y nos han ofrecido con parresía su retroalimentación– el Capítulo General expresa su sincero agradecimiento y su compromiso de seguir trabajando para fomentar una cultura donde la dignidad de cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, esté en el centro. 137. Al mismo tiempo, el Capítulo reconoce con humildad que el documento y su aplicación no han estado exentos de errores. En algunos casos, la atención debida a las víctimas no llegó con la prontitud o la sensibilidad que merecían, y eso ha causado un dolor que lamentamos sinceramente. En otros, el legítimo deseo de transparencia y reparación a las personas afectadas no siempre supo armonizarse con el derecho universal de la Iglesia, particularmente en el respeto debido a la presunción de inocencia y a la buena fama de las personas acusadas, causando daños que tampoco podemos ignorar y que nos duelen profundamente. Por otra parte, algunos hermanos nuestros que han sido hallados culpables de estos delitos, se han sentido solos, e incluso abandonados, durante sus procesos judiciales y mientras cumplen las penas que les fueron impuestas. A quienes han padecido estos errores y a sus familias, el Capítulo General, en nombre de toda la Legión, pide sinceramente perdón y renueva su compromiso de aprender de estos hechos en adelante. 138. Son precisamente estos aprendizajes los que han guiado las enmiendas que el presente Capítulo ha introducido en «Proteger y sanar». Se trata ahora de un documento normativo que, manteniendo intactos sus principios fundamentales de prevención, acogida a las víctimas y búsqueda de la justicia para todos, incorpora los avances del derecho canónico de estos años: la reforma del Libro VI del Código de Derecho Canónico, la publicación y subsecuente actualización del Vademécum del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre los casos de abuso sexual a menores cometidos por clérigos, las revisiones de las cartas apostólicas publicadas en forma de motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela y de Vos estis lux mundi, así como las Orientaciones del Dicasterio para los Textos Legislativos sobre la tutela de la buena fama y los derechos de las personas acusadas. 139. El Capítulo General ha encargado al director general la promulgación de la versión actualizada de «Proteger y sanar», que pasa a ser en adelante un documento de su competencia. Se busca así darle la flexibilidad suficiente para permitir una adaptación más ágil a la continua evolución de la normativa canónica y civil, sin necesidad de esperar a la celebración de un Capítulo General. Confiamos que esta decisión redunde en una mayor capacidad de la Congregación para cumplir, con fidelidad y responsabilidad, su deber de proteger a los más vulnerables, buscar la verdad y la justicia, caminar junto a quienes han sido heridos y trabajar denodadamente para que la Iglesia sea un lugar seguro para todos. d. Otros cambios al derecho propio. 140. En relación con el derecho propio, se revisaron todas las propuestas que llegaron de las asambleas territoriales o presentaron algunos legionarios de manera personal. Se recibieron propuestas de revisión o modificación a las Constituciones, a las Normas complementarias y a la Ratio institutionis «Christus vita vestra» . 141. Se establecieron algunos criterios para la revisión de las Constituciones considerando los cánones 578 y 587 del Código de Derecho Canónico, las indicaciones recibidas por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la praxis eclesial y el impacto que las propuestas recibidas tendrían en la vida de la Legión. 142. También se tuvo presente la necesidad de mantener una armonía entre los elementos espirituales y jurídicos del texto constitucional, evitando la multiplicación de las normas sin necesidad y evitando hacer correcciones meramente redaccionales o introducir matices o aspectos accidentales. 143. En muchas de las propuestas se constató que ya estaban de alguna manera contenidas en la legislación propia, pues las normas vigentes ofrecen la apertura necesaria para responder a las situaciones que se presentaban. Los cambios a las Constituciones serán presentados por el gobierno general al Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica para recibir su aprobación definitiva y poderlas incorporar al texto constitucional. Estos cambios se comunicarán después de recibir la respuesta del Dicasterio. 144. Para las Normas complementarias se aceptaron más cambios de contenido y, en algunos casos, de redacción, para definir mejor lo que es normativo y ofrecer una mejor guía de aplicación. 145. Estos cambios están recogidos en un decreto incluido en este Comunicado, junto con una explicación sucinta de cada modificación. V. Conclusión. - Una experiencia de comunión y fraternidad. 146. Este Capítulo ha supuesto una profunda experiencia de comunión en la alegría de nuestra común vocación. Las diferencias de opinión no nos han separado, sino que nos han hecho buscar juntos el camino. Hemos sido testigos de mucha grandeza humana en nuestros hermanos: honestidad, valentía, humildad, capacidad de escucha y de dejarse iluminar por el otro, magnanimidad para cambiar la propia visión y buscar siempre el bien común. No se han obviado las tensiones, vividas en la verdad y la caridad, y estas han contribuido a un discernimiento maduro y profundo. 147. Hemos podido experimentar que lo que nos une –la certeza de la fidelidad de Dios, el amor al hermano y la convicción de ser llamados juntos a custodiar y promover un don de Dios– ha sido lo más determinante. A lo largo de estas semanas hemos experimentado que nadie sobra, que cada uno, con su modo de ser y sus convicciones, es un tesoro que enriquece a nuestra familia. El camino compartido nos llena de alegría, gratitud y entusiasmo por ser legionarios de Cristo y nos ha movido a querernos aún más como hermanos. Pedimos al Señor que nos permita colaborar para que este espíritu de fraternidad permee todas nuestras comunidades. 148. Dirigimos una palabra de agradecimiento y aprecio a quienes nos han sostenido y acompañado, en particular a los laicos consagrados, las consagradas y demás miembros del Regnum Christi. Nos enorgullece formar parte de una misma familia y queremos seguir entregando nuestras vidas junto con ellos para hacer presente el Reino de Cristo. - Un tiempo de esperanza – una nueva etapa. 149. Al concluir el V Capítulo General ordinario, recordamos las palabras con las que el papa León XIV cerraba su discurso en la audiencia que nos concedió: «Que este Capítulo los abra a un tiempo de esperanza. El Señor sigue llamando y enviando; sanando y purificando, por ello su tarea consiste en discernir cómo responder con fidelidad al presente que Dios pone en sus manos. Confiando esta nueva etapa de su Congregación a la protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe, les imparto de corazón la Bendición Apostólica». 150. Estas dos expresiones –un tiempo de esperanza y una nueva etapa– han resonado fuertemente en nuestros corazones. Sentimos que con todo lo vivido, sufrido y aprendido en los últimos veinte años nos abrimos a un tiempo de esperanza para dedicarnos con más libertad, enfoque y nuevo entusiasmo a nuestra misión en la Iglesia. - Discernir cómo responder al presente. 151. Hemos experimentado una gran sintonía con el reto que el santo padre nos presentaba en la audiencia, de responder con fidelidad creciente al presente que Dios nos ofrece. A lo largo de seis semanas hemos orado y trabajado juntos. Queremos compartir con este Comunicado a todos los legionarios las reflexiones y resoluciones de este Capítulo para ayudarnos a dar, como Congregación, una respuesta renovada a Cristo. 152. Deseamos resaltar tres actitudes que proponemos a nuestros hermanos de todas las etapas de la vida esparcidos en el mundo. Creemos que viviéndolas juntos podremos hacer nuestra la invitación que Dios nos hace para mejor encarnar el cristocentrismo legionario hoy: a. A la luz de nuestras reflexiones y la necesidad de seguir creciendo en la caridad y la benedicencia, la vida fraterna y la reconciliación, queremos invitar a todos a imitar a Cristo tratando a los demás con bondad, sencillez y misericordia. b. Hemos podido acercarnos y valorar el don de nuestra vida religiosa, y por ello animamos a todos a conformar el propio corazón con el de Cristo en la búsqueda de la santidad por la vivencia delicada de los consejos evangélicos. c. En modo particular, hemos experimentado y querido reflejar la urgencia de la misión que el Señor nos confía para servir a la Iglesia desde el Regnum Christi. Así, exhortamos a todos los legionarios a despertar y formar el celo apostólico y el liderazgo cristiano en nuestro entorno. 153. Creemos que si todos, personal y comunitariamente, ponemos de nuestra parte para vivir estos elementos durante seis años, desataremos más aún el poder transformador de nuestro carisma para que Cristo reine en nuestras vidas, en el corazón de los hombres y en la sociedad para la gloria de Dios. Esta es la invitación que el Capítulo General deja a todos los legionarios.